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México moderno y progresista versus Venezuela en el pasado

México es el gran ganador de la modernidad y visión progresista hacia el futuro, Venezuela el gran perdedor, con dirigentes que son las nuevas “momias” que pregonan un sistema probadamente fracasado.

Claudio M. de Rosa/Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
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Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 4/30/2007

 

México y Venezuela son dos países productores de petróleo, que se han beneficiado de sus altos precios, pero con modelos económicos y estilos de gobierno diferentes. México tiene un modelo que se asemeja a una economía social de mercado, fincada en principios de gestión económica “neoliberales”, que la izquierda maquiavélicamente señala como algo perverso a los intereses de los pueblos. Esto está acompañado con un estilo de gobierno alejado del populismo, que vela por la estabilidad económica y el progreso social, que mantiene una actitud positiva hacia los TLC y una abierta y armoniosa relación con EUA, aunque resguardando sus intereses nacionales. También, se esfuerza por trabajar en armonía con el sector privado y por atraer inversión extranjera.

Venezuela tiene un modelo de marcado intervencionismo estatal, que se acrecienta con el tiempo, buscando concretar el Socialismo del Siglo XXI. Su estilo de gobierno es de corte populista, de confrontación y lenguaje vulgar, y que aprovecha la bonanza económica resultante de los altos precios del petróleo (no hay mérito propio) para promover imagen y campañas afines a su doctrina, relegando la prioridad de progreso nacional. También mantiene una abierta confrontación con el sector privado, con acciones y amenazas cada vez mayores de estatizaciones o confiscaciones estatales, con lo que aleja la inversión.

El economista Luis Pazos provee importante información sobre los resultados de gestión durante el gobierno del presidente Fox, que gobernó desde 2000, y del presidente Chávez, que gobierna desde 1999. En México, las exportaciones de petróleo redujeron su proporción del total de exportaciones de 68.5% en 1982 a 12.6% en 2004, mostrando una amplia diversificación; en Venezuela, las exportaciones de crudo representaban 94.2% en 1982, y equivalen 81.2% en 2004, manteniéndose como mono exportador. Entre 1998 y 2004, la deuda externa de México se redujo en 13.2%, al tiempo que en Venezuela se aumentó 34.3%, como si viviera una crisis financiera interna. El peso mexicano se devaluó 16% entre 1998 y 2005, mientras en Venezuela el bolívar se devaluó 292%. En México, los privados contribuyeron a aumentar la formación bruta de capital fijo 21.3% entre 1998 y 2004, en Venezuela, el temor, la irracionalidad económica contribuyó a que cayera 27.2%.

En esas condiciones, México muestra un crecimiento económico acumulado entre 1998 y 2004 de 17.5%, mientras Venezuela permaneció estancada, con 0%. Así, la tasa de desempleo es de 3.8% en México y en Venezuela 13.9%, en 2004. Además, según la ONU, entre 1997 y 2003 el PIB per cápita de México aumentó 9.5%, al tiempo que, increíblemente, en Venezuela cayó 45%. En estas condiciones, el porcentaje de hogares mexicanos en extrema pobreza se redujo en 48.9% entre 1998 y 2004, mientras en Venezuela subió 4.5%, esto es, una mayor proporción se sumió en extrema pobreza, cuando el país ha recibido más ingresos que nunca en su historia. En México la inflación anual fue de 3.3% en 2005 y en Venezuela 16%, manteniendo la mayor inflación acumulada de Latinoamérica en los últimos seis años.

Los resultados de estos dos países productores de petróleo dejan en clara evidencia las bondades y perjuicios de estos dos modelos antagónicos y etilos diferentes de gobernar: uno apegado al respeto de la propiedad privada el otro no; uno que busca la armonía social y otro que busca el enfrentamiento estéril como herramienta para ganar apoyo patriotero; uno que privilegia la sana conducción y apertura de la economía, el otro que se finca en el populismo y la irresponsabilidad, que tapa su irresponsabilidad financiera con los ingresos extraordinarios del petróleo, como si ellos fueran algo para siempre; uno que busca ganar influencia por la inversión de sus empresarios en otros países latinoamericanos y otro que con petrodólares busca comprar gobiernos con crisis económicas; uno que atrae la inversión extranjera y otro que la ahuyenta.

Esto demuestra que hablar del Socialismo del Siglo XXI es hablar del pasado. México es el gran ganador de la modernidad y visión progresista hacia el futuro, Venezuela el gran perdedor, con dirigentes que son las nuevas “momias” que pregonan un sistema probadamente fracasado. En El Salvador, también hay “políticos momios” que creen que el socialismo arcaico es una nueva opción, que acompañan con un lenguaje populista, prometiendo acelerar el marcado y sostenido progreso socioeconómico que ha tenido el país.

Compare el lector esos mismos datos de Venezuela con los de El Salvador y verá que nuestro sistema de libertades también ha logrado mayor progreso que ese país, que se desmorona, a pesar de su gran riqueza.