Clasificación del delincuente
Actualidad de la antropología criminal


José Enrique Silva
Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

mlrojase@hotmail.com
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 8/12/2007

En la evolución de las ideas penales, después de la escuela clásica que inmortalizó Francisco Carrara con su obra “Programa del curso de derecho criminal”, surgió la escuela positivista, con sus tres corrientes básicas: la antropológica, de César Lombroso; la sociológica, de Enrique Ferri; y la jurídica, de Rafael Garófalo.

En consecuencia, fue Lombroso quien dio nacimiento a la antropología criminal, que, ahora, con el auge de la delincuencia cobra actualidad e importancia. Lombroso dio una descripción del delincuente, como tipo humano especial, con características somáticas inconfundibles y congénitas, que le diferencian de los demás hombres y, por inclinación natural al delito, le denomina criminal nato. Sus características son: pómulos y mandíbulas muy desarrolladas prominentes, resalte de los arcos superciliares, orejas en asa, fuerte pigmentación, escasa pilosidad en el cuerpo; su capacidad craneana es escasa, su cabello es espeso y rizado; es de gran fuerza corporal y muy ágil, por lo general zurdo; manifiesta insensibilidad para el dolor y está dominado por la pereza, el egoísmo, la vanidad y los vicios; le gustan los tatuajes y emplea un lenguaje especial; se le advierte precocidad sexual. La tipología de Lombroso fue completada después por Kretchmer, que dividió los tipos delincuentes en tres clases, con biotipos bien definidos: el leptosomático, el atlético y el pícnico.

Las características del leptosomático eran corporeidad estrecha, con tendencias a la escualidez, a lo Greco y Don Quijote. Manos huesudas, piel pálida y pobre en grasas, rostro ovoide de eje corto, perfil aguileño, de pájaro, occipucio redondeado y propenso al envejecimiento prematuro. Tiende al aislamiento y predisposición a las pasiones fanáticas en amor, políticas, arte y religión. Aptitud para el despotismo, como en los casos de Robespierre, Calvino y Federico el Grande, carácter de seriedad y pedantería; indiferencia por el mundo real y gusto por lo refinado.

El biotipo atlético es propenso a las psicosis esquizofrénica y a la epilepsia; lentitud en la comprensión y la ejecución, fuerte desarrollo óseo y muscular, potente tórax y cráneo alto y estrecho. Rasgos faciales toscos con molares destacados. Lentitud en la comprensión y la ejecución, sociabilidad pasiva y tranquila. Lenguaje lacónico y vacilante, timidez y constancia en el trabajo.

El tipo pícnico se caracteriza por adiposidad, abundancia de abdomen y rostro pentagonal, amplio y blando. Cráneo grande, de forma redondeada y tendencia a la calvicie. Afabilidad, bonachonería y humorismo. Sensible al amor y al sentimentalismo, con matices de materialismo y comodidad. Muy sociable con tendencia al charlatanismo. Entre ellos hay abogados enredadores y comerciantes hábiles.

Importante es, además, la tipología de Pende, quien aporta su clasificación así: tipo taquipsíquico o longilíneo; el tipo bradipsíquico o hipotiroideo, tipo espasmódico y tipo distímico, caracterizado por la inestabilidad hormónica. Sus delitos preferidos son la estafa y las malversaciones.

Finalmente, la tipología de Sheldon-Stevens, con los viscerotónicos, somatónicos y distímicos, con aislamiento egoísta.