La gran crueldad del sistema educativo de Estados Unidos es que ha permitido a millones de estudiantes indocumentados ir a la secundaria o high school. Pero, después, les prohíbe ir a la universidad.

Sin embargo, eso puede cambiar en los próximos días si el Congreso en Washington deja a un lado la politiquería y se atreve a aprobar el llamado Dream Act.

Cada año, más de 60,000 estudiantes indocumentados encuentran cerrada la puerta a la educación superior para ellos debido a su situación. Dado que la mayoría de estos estudiantes no son elegibles para obtener colegiaturas estatales más accesibles, ni la mayoría de los tipos de ayuda financiera, o becas, para ellos es casi imposible asistir a la universidad.

 

Pero el llamado Dream Act ofrece una solución para ayudar a que miles de estos estudiantes indocumentados accedan a la educación superior mediante préstamos estudiantiles y programas federales de trabajo/estudio, así como haciéndolos elegibles para una residencia permanente si obtienen un título académico o cumplen dos años en el servicio militar.

 

El momento de aprobar esta ley es ahora. Debemos recordar que estos jóvenes no tienen la culpa de su situación migratoria –la mayoría fueron traídos a Estados Unidos cuando eran bebés o menores de edad. Regresarlos a los países donde nacieron sería otro acto de crueldad. Muchos nada saben del país de donde son ciudadanos y, en algunos casos, ni siquiera hablan el idioma.

 

Estos jóvenes son esencialmente estadounidenses pero, al carecer de documentos, no tienen acceso a préstamos u otra ayuda. ¿A qué clase de futuro pueden aspirar así? Hace poco recibí unas cartas de varios estudiantes indocumentados, gente joven, talentosa que desea continuar sus estudios y que podría llegar a ser una gran contribución al futuro de Estados Unidos y del mundo si tan solo los dejáramos.

Quiero compartir lo que algunos escribieron:

 

“Algunas veces trato de imaginar en qué momento otros empezaron a verme como ‘monstruo’. Pudo haber sido en 1993. Yo tenía cuatro años de edad. De la noche a la mañana mi visa expiró y me convertí en indocumentado”.

 

“Desde que yo tenía cinco años, mi papá pasaba la mayoría del tiempo en este país trabajando... por esto, y por querer estar juntos, mis padres decidieron mudarse a los Estados Unidos.”

 

“Nací en Tamaulipas, México, a dos millas del río Grande. A los cuatro años emigré junto con mi familia a Houston, Texas, y en pocos meses me convertí en una persona indocumentada.”

 

Tengo más cartas pero la historia se repite.

 

El Congreso puede hacer algo para resolver este problema, pero tiene que ser ahora. Según el barómetro político, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, está considerando seriamente someter muy pronto a votación el Dream Act. Aunque hay votos suficientes en la Cámara para su aprobación, el verdadero obstáculo está en el Senado.

 

Pocos días antes de las elecciones intermedias del 2 de noviembre, el líder del Senado, Harry Reid, me hizo una promesa durante una entrevista. Le pregunté: “¿Se puede comprometer ahora mismo a llevar de nuevo el Dream Act a votación en el Senado antes de fin de año?”

 

“Sí, la respuesta es sí”, me contestó. “Pero necesito a algunos republicanos que me ayuden.”

 

En septiembre, proponentes del Dream Act no lograron obtener los 60 votos necesarios para su aprobación en el Senado. ¿Por qué? No hubo un solo senador republicano que votara por él.

 

Para que el Dream Act sea aprobado, necesitamos el apoyo de senadores republicanos. Hasta el momento, ninguno se ha comprometido a apoyarlo. Pero aún hay tiempo para que reconsideren y cambien de posición.

 

Los políticos deben recordar que ningún partido político puede capturar la Casa Blanca sin el voto latino y una mayoría de los hispanos apoya el Dream Act. Cuando llegue el momento de las elecciones presidenciales de 2012, los votantes latinos no olvidarán quién ayudó a estos jóvenes y quienes no lo hicieron.

 

Votar a favor del Dream Act no es solo una elección moral que corrige una injusticia persistente y promueve la educación; es una decisión que reafirmaría la humanidad y compasión por las que Estados Unidos es conocido.

 

A lo largo de su vida, les hemos dicho a estos jóvenes que pueden tener grandes sueños. No se vale impedírselos ahora.