Reconocimiento al Hermano León
La comunidad educativa de El Salvador conoce la trayectoria de Maximino León Echávarri Aramendía (conocido afectuosamente como el Hermano León), quien nació en Echávarri, Navarra, España, en 1917, y pertenece a la Congregación Marista desde hace más de 70 años. De todos estos años, el Hno. León tiene más de cinco décadas de estar educando a la juventud cuscatleca. Motivo suficiente, además de su gran labor deportiva en el Liceo San Luis, Colegio Champagnat y Liceo Salvadoreño, para reconocerle su valiosa contribución a la sociedad salvadoreña.
Escrito por Rafael Ernesto GóchezSábado, 09 abril 2011 00:00
El Hno. León llegó a El Salvador en 1958, teniendo como primera misión el Liceo San Luis, donde dio clases en bachillerato y lo nombraron encargado de deportes. Fue ahí, en la Ciudad Heroica y de Señora Santa Ana, que el Hno. León se empezó a destacar; luego lo trasladaron al Colegio Champagnat de Santa Tecla en 1963, donde impartió clases por tres años y otros seis años estuvo como director. Su labor es recordada por cientos de tecleños. Después, 1972, le asignaron la tarea de impulsar los deportes en el Liceo Salvadoreño, misión que la cumplió al cien por ciento. Ya en 1974 logró campeonizar –en forma invicta– a la primera categoría de baloncesto, después de diez años de sequía. Lo repitió en 1975 y de ahí en adelante se convirtió en un icono del deporte colegial.
Bajo su liderazgo, el Liceo Salvadoreño se consolidó en el siglo XX como el colegio con mejor proyección deportiva en el país. Fue campeón absoluto de los juegos deportivos en numerosas ocasiones. Desde finales del siglo XX, el Hno. León apoya el funcionamiento de la clínica Marista, ubicada en la alameda Juan Pablo II, la cual presta servicios de salud a numerosas familias de escasos recursos. Además, el Hno. León ha promovido los juegos intergeneracionales de baloncesto en la Asociación de Ex Alumnos Maristas (ADEMAR).
Cálculos conservadores indican que ha contribuido con la formación directa de más de quince mil jóvenes salvadoreños. Una de las cosas más agradables es que el Hno. León mantiene comunicación con cientos de ex alumnos de distintas partes del mundo, vía internet. Por todas estas razones y dado que es un ejemplo de disciplina, devoción y dedicación, se sugiere que la fundación que lleva su nombre y ADEMAR motiven a la comunidad Marista y gestionen –ante la honorable Asamblea Legislativa– un reconocimiento público para el Hno. León. Manos a la obra. ¡Viva el León, jodido!
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