Sueños guajiros estadísticos
Escrito por Ana EscotoDomingo, 09 octubre 2011 00:00
ana.escoto.1@gmail.com
“¿Vos decís un instituto centroamericano de Estadísticas?”, le digo a mi compatriota, comensal en la mesa en mi departamento en México, donde compartimos unos frijoles, queso y una horchata que dejó mi última visita salvadoreña. Estamos tres estudiantes salvadoreños y economistas. La idea que me plantearon me emocionó. Me imaginé que la información de Centroamérica estuviera junta y comparable. Entonces digo con pesimismo: “No creo. Pero sería chivo”.
Vivir en un país grande como México, donde casi todas sus entidades federativas son más grandes que El Salvador, lo interroga a uno sobre qué hace que en Centroamérica no sepamos lo que hace el vecino, más cuando se habla constantemente de los procesos de Integración (con mucho más énfasis en la unión aduanera y los aspectos económicos que en otros tipos de integración). No pedimos tanto, sino información y el sueño es que fuera gestada y evaluada por un mismo agente autónomo.
Hago más chiquito mi sueño. No un sistema centroamericano, pero sí estadísticas disponibles para todos los países. Pero el tamaño pesa, me he dicho muchas veces. Porque la información cuesta dinero. En países tan pequeños ¿cómo podría obtener cada uno de los países un sistema si no consistente por lo menos predecible de estadísticas?
En general hay más información de lo que pasa por el lado de la “oferta”, de la producción de bienes y servicios. Tenemos las cuentas nacionales e índices de coyuntura. Pero del lado “demanda”, es decir, de los hogares, de los individuos y de los trabajadores, hay poco. Lo cierto es que las encuestas multipropósito son una tabla de salvación, sirven para “todo”: para sacar los datos de pobreza, para sacar la información de salud, de educación y empleo, con todos los bemoles que esto implica. En ningún país hay un calendario estandarizado de publicación, que incluya información más coyuntural (como trimestral). Esto es en el caso para los países que tiene encuestas anuales periódicas, como no sucede en Honduras, Guatemala y Nicaragua. Honduras tenía una bianual de propósito múltiple desaparecida desde 2007.
En el “Cuarto Informe Estado de la Región en desarrollo humano sostenible 2011” veo un ejemplo de cómo usando información diferente, con creatividad pero no sin obstáculos, se puede estudiar a los países. Por ejemplo, para establecer la situación de pobreza, el informe explica que además de la falta de estimaciones anuales “los datos disponibles presentan problemas de comparabilidad, ya que en algunas naciones los cálculos se realizan considerando los ingresos de los hogares, y en otras ello se hace en función del consumo. Asimismo, en algunos países las cifras oficiales refieren a personas en situación de pobreza, y en otros, a hogares.
Las líneas de pobreza tampoco son comparables, aunque se parte de que en cada país se trabaja con líneas de pobreza correctamente definidas y estimadas. (p. 381). Quiero creer que la creatividad subsana las trabas. En serio quiero creerlo.
Pero la verdad es esta: en El Salvador no hay un instituto de estadística nacional, un “INE”, hay una dirección, bajo la tutela del Ministerio de Economía. Soñar con INE centroamericano es aún más guajiro. Recojo los platos de mis comensales y entonces de postre hablamos de cómo quisiéramos que al regresar hubiera más espacio para discutir las producciones científicas de los problemas económicos y sociales de El Salvador. Seguimos soñando, pues.
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