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El pasado 16 de enero, el presidente Funes decidió trasladar la celebración del 20.º aniversario de la firma de los Acuerdos de Chapultepec a El Mozote, al norte de Morazán, abriendo una de las heridas más antiguas y más polémicas de la pasada guerra civil.

Lo que debió ser un llamado a la reconciliación nacional se convirtió en una diatriba contra el Ejército Nacional, la institución que mejor cumplió dichos acuerdos, lo que parcializó al jefe de Estado y ensombreció la celebración.

Sin mencionarlo de forma personal, el principal ataque se dirigió directamente contra el teniente coronel Domingo Monterrosa Barrios, el primer comandante del Batallón de Reacción Inmediata Atlacatl, comandante de la Tercera Brigada de Infantería (que ahora lleva su nombre) y jefe militar de la zona oriental hasta su muerte el 23 de octubre de 1984.

Fue Primera Antigüedad de su promoción en 1963, veterano de la guerra de las 100 horas, fundador del Batallón de Paracaidistas y calificado como el mejor comandante de campo por los asesores norteamericanos y el expresidente José Napoleón Duarte en el libro “My History”.

Los hechos de El Mozote son confusos, la guerrilla utilizaba a las masas como escudos humanos, el conflicto se iniciaba y no se respetaban reglas en la guerra. Se habla de cuatro días de masacre y nadie habla de algún intento de las fuerzas guerrilleras de detener dicho ataque. ¿Y la Brigada Rafael Arce Zablah, las fuerzas especiales de la guerrilla?

La guerra en sí misma es una locura. El Batallón Atlacatl se organizó según el modelo de las fuerzas especiales, los boinas verdes norteamericanos, según la experiencia de Viet Nam. Los asesores militares norteamericanos siguieron utilizando las técnicas y los armamentos usados en esa guerra. La misma guerrilla utilizó las técnicas del Vietcom y muchas de sus acciones y masacres fueron sanguinarias, pero no fueron recordadas por el presidente.

Funes pretende ordenar que se prive al coronel Monterrosa del calificativo de “héroe” que posee dentro de las filas castrenses y en un importante sector del pueblo salvadoreño, como si la heroicidad se otorgara o retirara por decreto presidencial.

Las cualidades personales y profesionales de Domingo Monterrosa son las que le han otorgado esa calidad que nada ni nadie le podrá quitar. Y por más que se revise la historia y los programas de formación militar, la historia no se puede cambiar, y lo que logrará con esa actitud es crear un mito entre las fuerzas castrenses.

El show propagandístico montado por el gobierno, que ya le mereció un “Oscar” entre los usuarios de Facebook a Funes como mejor actor, era un compromiso que él tenía pendiente con su mentor, el P. Tojeira. Lo que hizo el gobierno llevó exactamente la línea de los últimos artículos de dicho religioso, incluida la petición sobre la actual denominación de la Tercera Brigada de Infantería. Es la venganza por el asesinato de los padres jesuitas por parte de algunos miembros del Batallón Atlacatl.

Ensañarse contra el mejor soldado del ejército nacional es una bofetada al profesionalismo de la institución armada, es una deslealtad a la institución que está sacando las castañas del fuego en el tema de seguridad pública al actual gobierno, es insultar la memoria de los miles de soldados, jefes y oficiales que ofrendaron su vida en el pasado conflicto armado.

Monterrosa fue asesinado porque nunca hizo de la guerra un negocio, como sí lo hicieron muchos de los que ahora se rasgan las vestiduras o se quedan callados en un silencio cómplice. (Ver el blog de Wordpress Tte. Cnel. de Artillería DEM Domingo Monterrosa.)