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En torno a los cambios en seguridad

No hay elementos suficientes que nos permitan sacar conclusiones definitivas. Por el momento solo existen temores y riesgos, algunos con cierto fundamento.

Escrito por Roberto Rubio-Fabián
Lunes, 06 febrero 2012 00:00
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rubiofabian@funde.org

Los recientes cambios en el Gabinete de Seguridad han suscitado variados comentarios. Para unos, especialmente dentro de la opinión pública general, los cambios están siendo percibidos positivamente, pues consideran que mayor disciplina, más orden, más fuerza y firmeza pueden ser más efectivos en el combate contra la peste criminal que padecemos. Para otros, la llegada de militares a los principales cargos de la seguridad pública significa militarización, un enfoque ya fracasado de represión, un atentado a los Acuerdos de Paz.

Las cosas no son tan simples y lineales. Por un lado, el solo hecho de llegar militares no garantiza que se va a combatir mejor la criminalidad; un civil puede ser más efectivo en el combate a la inseguridad que un militar. Pero por otro lado, la llegada de militares no significa necesariamente que se dará un proceso de militarización; un civil puede militarizar la seguridad más que un militar, y de ello hay muchos ejemplos en la historia.

El nombramiento de militares al frente de la seguridad podrá ser una señal políticamente inadecuada, en la medida que ha generado división y distancia con actores políticos y sociales que son claves e importantes incluir en el combate a la criminalidad, en la medida que los confronta en momentos que más se necesita unir esfuerzos nacionales en dicho combate. Sin embargo, no necesariamente significa que sea una medida técnica y estratégicamente equivocada. Esto está aún por verse.

De ahí que el debate no debe centrarse tanto en si las personas que llegan son militares o no, si provienen de las filas militares o guerrilleras, sino en si los que llegan tienen la calidad profesional, la calidad humana, y sobre todo el enfoque y la estrategia adecuada para enfrentar la inseguridad. A esto es a lo que debemos poner mayor atención. Es decir, si los militares que dirigen la seguridad serán o no capaces de adaptar o cambiar sus protocolos y patrones militares de defensa de la agresión exterior y de guerra externa, al combate de un enemigo complejo enquistado en la sociedad salvadoreña y a la “guerra” interna, si tendrán o no la capacidad de entender la complejidad de un fenómeno más político y social que militar, si lograrán equilibrar la necesaria represión con la imprescindible prevención; si los que llegan tendrán la calidad humana, la honradez e integridad de no dejarse penetrar y contaminar por las estructuras criminales, la narcoactividad y por determinados grupos de interés y poder, de ir al fondo de las investigaciones y consecuencias no importa qué tan importantes sean los personajes políticos o económicos involucrados; y sobre todo, si serán o no capaces de impulsar un enfoque, una estrategia política adecuada para unir a la sociedad salvadoreña en el combate frontal contra la inseguridad, la violencia y la criminalidad.

Todavía es prematuro juzgar todos estos aspectos, y no hay elementos suficientes que nos permitan sacar conclusiones definitivas. Por el momento solo existen temores y riesgos, algunos con cierto fundamento. Todavía no se ha dado a conocer cuál será el enfoque y estrategia a seguir, si se va dar al problema un tratamiento militar más que político, si se va a continuar impulsando un enfoque de gobierno y no de Estado, de visión gubernamental y no de Nación. Por el momento solo hemos visto a las nuevas autoridades reuniéndose con algunos sectores sociales, pero todavía no sabemos si la estrategia contemplará verdaderos espacios y acciones de unidad nacional, si incorporará de manera real y participativa, y no solo mediática, a actores claves de la sociedad salvadoreña, con roles y recursos definidos, si se diseñará e implementará una estrategia de construcción de confianza para que esto último sea posible, en fin, si se tendrá la sabiduría de entender que la crítica inseguridad que enfrentamos es un problema de Nación y que por tanto requiere de respuestas de Nación. No nos queda más que esperar y colaborar para que así sea.

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