Bandazos comunistas
Escrito por Geovani GaleasMartes, 07 febrero 2012 00:00
geovanigaleas@hotmail.com
Después de 82 años de existencia, el mayor logro del partido comunista salvadoreño ha sido agenciarse el control de la dirección del FMLN, y haber llevado a ese partido a una victoria en las elecciones presidenciales de 2009. En contrapartida, el mayor fracaso de su historia es que acto seguido perdió el gobierno, quedando solo en precaria posesión de unos cuantos cargos públicos, que ejercen sin pena ni gloria, y de los cuales van siendo despojados uno a uno por simple ineficiencia.
Para complicar el cuadro, ya a pocas semanas de otro evento electoral, el FMLN aparece abajo de ARENA en todas las encuestas. Pero lo peor es que se encuentra entrampado en una situación de ambigüedad ideológica que, al mismo tiempo, le genera el rechazo de los sectores moderados y repudio de la izquierda radical, contingentes que había logrado aglutinar a su favor hace apenas dos años y medio.
¿Cómo es que habiendo ganado se pierde de inmediato hasta el prestigio? La respuesta exige una combinación de factores, y una de sus claves está en la historia. En 1975 el PCS publicó un documento titulado 45 años de lucha revolucionaria, cuya redacción suele atribuirse a Schafik Hándal. Ahí aparece un revelador apartado autocrítico.
Se dice en ese texto que en los años treinta (fundación, insurrección, masacre y práctica desarticulación), en el partido hubo “rasgos de sectarismo y economicismo que se tornaron, bruscamente, en errores del tipo opuesto, de izquierdismo infantil”. Ojo con este ir de una a la otra banda.
En los años cuarenta el problema consistió en que un núcleo de estudiantes universitarios y de intelectuales “imbuidos de pretensiones teorizantes”, y con los vicios propios de su extracción de clase, coparon la dirección del partido y “no ayudaron a los obreros, campesinos y artesanos en el conocimiento de la teoría, sino que les reprochaban su poco dominio de la misma, culpándolos de todos los reveses sufridos”.
El asunto se superó con la incorporación de más obreros y campesinos porque se llegó a la siguiente conclusión: “Mientras la composición del partido del proletariado no sea, en los hechos, proletaria, su política y su ideología estarán expuestas a bandazos desviacionistas”.
Sin embargo, en 1961, el partido creyó que en el país estaban madurando las condiciones para una toma del poder por la vía armada. “Pero”, dice el documento, “al aplicar esa orientación el PCS fue incurriendo en un error de izquierdismo, que condujo a unilateralizar las formas de lucha casi exclusivamente al terreno de una agitación que anunciaba el inicio de la lucha armada, y desnaturalizó el papel de diversas organizaciones de masas”.
Ese nuevo bandazo izquierdista fue corregido en 1964. El PCS desmontó su aparato clandestino y ordenó el retorno a la lucha pacífica y legal. Pero de inmediato “se cayó en el error de tipo contrario, abandonando la lucha política y la organización política de las masas, y concentrándolo todo en la lucha por las demandas económicas y sociales”.
Y ya la cosa parece un juego cuando se lee: “Al corregirse esta desviación de derecha, entre 1966 y 1968, no se realizó una lucha ideológica radical en su contra, las raíces de la desviación economicista quedaron vivas entre los cuadros comunistas del movimiento obrero. Al no haber desenmascarado la ideología economicista, quedó preparado el terreno para que resurgiera la desviación izquierdista”.
Pero habría más: “Durante el conflicto con Honduras, en 1969, la cúpula del partido incurrió en graves errores de derecha, bajo la forma de concesiones al nacionalismo reaccionario burgués”. Una manera elegante de decir que apoyaron aquella guerra insensata. ¿En qué se diferencia el pasado del presente?
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