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¿No tienen algo mejor que ofrecer?

Los partidos y sus candidatos no deben seguir subestimando la inteligencia y la conciencia cívica de los votantes. El discurso ideológico y la demagogia han dejado de ser convincentes.

Escrito por Joaquín Samayoa
Miércoles, 08 febrero 2012 00:00
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jsamayoa@fepade.org.sv

En la memoria del radio de mi automóvil guardo la frecuencia de algunas estaciones en las que es más probable escuchar música de mi agrado o alguna entrevista que medio valga la pena sobre temas de actualidad. Con frecuencia termino presionando el botón de disco compacto, pero antes recorro las estaciones de radio para ver si tengo suerte y encuentro algo que me llame la atención.

Así es como recientemente he sintonizado, en un par de ocasiones, un miniforo de jóvenes representantes de los principales partidos políticos. Y me he quedado escuchándolos un rato, con la esperanza de encontrar en sus palabras un buen sustento a la tesis de que conviene un cambio generacional en la política de nuestro país.

Confieso que tengo un prejuicio favorable hacia los jóvenes porque conozco muchos que son inteligentes y honestos, y porque creo que se les debe dar una oportunidad para desarrollar su potencial y asumir roles de liderazgo en sustitución de los dinosaurios que están frenando el desarrollo del país con su cinismo, su pobreza de ideas y su abundancia de mañas.

Sin embargo, escuchar a esos jóvenes representantes de partidos políticos ha sido una gran decepción. Por lo visto llegan a esos debates sin haber hecho su tarea de investigación y pensamiento. Llegan a repetir el mismo discurso ideológico de los dinosaurios. Responden con vaguedades, exhiben una muy limitada comprensión de los problemas y una imperdonable ignorancia de las leyes que ya existen y de las acciones que ya se han intentado infructuosamente.

Poco sentido de lo real, nula capacidad de pensamiento crítico, cero creatividad. Uno de ellos propuso un campus de la UES en cada uno de los 14 departamentos; otro dijo que iba a aumentar el PIB, talvez por arte de magia, porque no se molestó en insinuar siquiera una estrategia para lograrlo desde una curul en la Asamblea Legislativa; todos respaldaron la trillada idea de combatir la delincuencia reinstaurando la materia “moral y cívica” en la educación básica y media.

Quisiera pensar que ese pobre desempeño se debe, al menos en parte, a inexperiencia en el manejo de este tipo de situaciones. Quisiera pensar que los partidos políticos tienen mejores cuadros de relevo pero, con tanto que hacer, no le han dado mucha importancia a la selección y entrenamiento de sus voceros pero lamentablemente lo que estos jóvenes están poniendo de manifiesto es la pobreza de ideas y la adicción a la demagogia de sus respectivos partidos.

Ni los medios de comunicación pueden dar cobertura a la inmensa cantidad de candidatos que están disputando sillas edilicias o diputaciones, ni los ciudadanos tenemos suficiente tiempo y buen humor para estar atentos a lo que cada uno de ellos tiene que decir. Razón de más para que los partidos se esmeren en aprovechar mejor los espacios que se les brindan para dar a conocer sus propuestas. Pero, lejos de eso, aun los comunicados oficiales de los partidos, supuestamente bien pensados por sus comisiones políticas, dejan mucho que desear. En una elección de diputados uno esperaría que le digan, con precisión y realismo, qué consideran conveniente y posible hacer desde la Asamblea Legislativa para contribuir a la solución de problemas muy concretos. Cuáles de las leyes existentes deben enmendarse y cómo deben enmendarse para dotar al Estado de buenas herramientas jurídicas para combatir la delincuencia, incentivar las inversiones y el empleo, mejorar el transporte público, cerrar posibilidades a la corrupción, racionalizar los gastos, priorizar las inversiones, reinventar el sistema carcelario, hacer escuelas y formar educadores para el siglo XXI, etcétera. Uno esperaría que digan cómo van a promover la profundización de la reforma del sistema político, cuáles serán sus criterios para la elección del nuevo fiscal general, los nuevos magistrados de la CSJ y las demás elecciones de segundo grado, cuáles impuestos consideran convenientes y cuáles contraproducentes, qué piensan de la idea de establecer regímenes de excepción transitorios y focalizados para neutralizar el poder de las pandillas y avanzar en su erradicación. Los partidos y sus candidatos no deben seguir subestimando la inteligencia y la conciencia cívica de los votantes. El discurso ideológico y la demagogia han dejado de ser convincentes.

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