Cálculo equivocado
Quienes abogan por legalizar la droga para acabar con el financiamiento a los violentos ignoran el éxito de la diversificación empresarial de los carteles.
Escrito por Sergio Muñoz BataJueves, 09 febrero 2012 00:00
opinion@laprensagrafica.com
La reciente declaración del presidente Juan Manuel Santos afirmando que como presidente de Colombia favorecería la despenalización de las drogas “si el mundo entero” la adoptara, resume a la perfección la paradoja que encierra el asunto. Al condicionar la legalización a un acuerdo mundial, Santos propone lo imposible, al menos, al corto y mediano plazo. No hay posibilidad de que el mundo entero se ponga de acuerdo en el tema de la legalización de aquí a que Santos termine su primer periodo presidencial o su segundo, si es que compite por él y lo gana.
Entiendo por qué el presidente Santos plantea así el tema de la legalización. Como lúcidamente ha escrito el salvadoreño Joaquín Villalobos, esta “requiere un acuerdo simultáneo con los países consumidores. Sin la participación de Estados Unidos y Europa una estrategia de este tipo, aplicada en México o Colombia, por ejemplo, sería un suicidio para la seguridad de estos países”. Y esto es así porque se produce más droga que la que se consume en el mundo y su legalización en un país o dos abarataría su costo y se agravaría la lucha entre los carteles por el negocio de exportación de drogas a los países en los que no están legalizadas. Con su atrevida declaración, hecha durante una conversación con los escritores Carlos Fuentes y Sergio Ramírez durante el Hay Festival en Cartagena, Colombia, a fines de enero, Santos se une al coro de expresidentes, políticos, intelectuales y ciudadanos que piensan que el combate al narcotráfico ha tenido un costo inaceptable en América Latina y abogan por debatir alternativas a la prohibición del uso de drogas.
En el Conversatorio, Santos reconoció que a pesar de las numerosas victorias del gobierno colombiano en la lucha contra los carteles del narcotráfico “esta política en el fondo está equivocada”, entre otras causas “porque el narcotráfico alimenta y financia todos los grupos violentos ilegales”. El argumento de Santos no es nuevo. Ramírez, por ejemplo, ha escrito que “la despenalización significaría sacarle el agua al pez venenoso que es el narcotráfico”. La frase es muy afortunada, como casi todo lo que escribe el nicaragüense, pero el argumento es débil porque las actividades de los carteles de la droga se han diversificado tanto que sus actividades delictivas ya no dependen exclusivamente del ingreso por el tráfico de drogas.
En México, Colombia, El Salvador, Honduras, Venezuela y otros países de América Latina y del resto del mundo, los narcos se han convertido en “señores feudales” que controlan territorios en los que han establecido gobiernos de facto, donde recaudan impuestos o tributos y desde donde se organizan para secuestrar y extorsionar en sus zonas de influencia.
La diversificación les ha permitido traficar no solo con drogas sino con migrantes, prostitutas, gasolina, esclavos, joyas, autos, aviones, armas y mucho más. En países como México la diversificación de los carteles ha creado una industria que emplea a decenas de miles de personas: sicarios, abogados, contadores, banqueros, alcaldes, policías, periodistas, comerciantes que trabajan en los nuevos negocios de los narcotraficantes.
Considere por ejemplo el caso de una de las nuevas divisiones del “Crimen Organizado” ya diversificado que se dedica a lavar dinero accediendo al comercio legal. Los empleados de los carteles compran en Estados Unidos bienes de consumo como televisores, lavadoras, computadoras, perfumes para venderlos en otros países a precios de descuento. Otra rama de la diversificación empresarial de los narcotraficantes se reveló el año pasado cuando el gobierno mexicano presentó una demanda en contra de 9 compañías norteamericanas a quienes acusa de estar coludidas con los carteles de la droga para vender $300 millones de petróleo robado a PEMEX.
Hoy, el dinero que obtienen los carteles en sus nuevas actividades es comparable si no superior al que obtienen con el negocio de las drogas. Así las cosas, yo me atrevería a decir que el pez del que hablan mis amigos Santos, Fuentes y Ramírez se ha mimetizado y hoy es un animal que ha aprendido a vivir dentro y fuera del agua.
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