El discurso del presidente Funes
Muchas personas han opinado con respecto al discurso del presidente Funes, en conmemoración al vigésimo aniversario de los Acuerdos de Paz. Sin embargo, lo más importante a recoger de todas estas opiniones es que, independientemente de lo que ocurrió durante el conflicto armado, este ha puesto en evidencia que la mayoría de salvadoreños ya no quieren que se les recuerde sobre lo que ocurrió hace más de veinte años y que lo que nuestro querido país necesita son líderes que nos proyecten hacia el futuro y no que nos estén recordando un pasado ya superado y perdonado.
Escrito por Roberto Vilanova M.Jueves, 23 febrero 2012 00:00
Es por esto que en vez de comentar sobre el mencionado discurso, lo que quisiera en esta columna es más bien ver hacia el futuro y comentar sobre algo muy positivo que está ocurriendo en nuestra democracia y que no debe pasar desapercibido. Se refiere a la recién iniciada campaña para diputados y alcaldes y la cual, gracias a cuatro valientes magistrados de la “Corte Suprema de Justicia”, está llenando nuestro ambiente democrático de una “frescura” sin precedentes en la historia de nuestro país.
Para que nos recordemos, pues a veces la historia se nos olvida demasiado pronto. En el pasado lo que veíamos en una campaña para elección de diputados era solamente banderas de diferentes partidos políticos. Marcar una de estas banderas era la única forma que se nos ofrecía para elegir nuestros futuros gobernantes, lo que tenía como consecuencia que la mayoría de salvadoreños no teníamos ni mínima idea de quiénes eran las personas que al final nos representaban en el “Primer Órgano del Estado”.
La “frescura” que notamos en la campaña que estamos viviendo es que ahora podemos conocer no solo las caras de cada uno de los posibles futuros diputados, sino su compromiso específico, pues si bien quizás no conocemos a fondo su forma de pensar y actuar y esto es algo sobre lo que las futuras campañas van a ir exigiendo, sí por lo menos nos lo están dando a conocer con frases sencillas pero comprometedoras al fin, como: “Yo te abriré la puerta”, “Defiende tú voto”, “Borrón y cuenta nueva”, etcétera; lo cual en alguna medida los compromete, pues si al final una vez elegido el diputado electo no termina cumpliendo con su frase, cuando menos queda la opción de no votar por él en la próxima elección. Y esto es un gran avance en cuanto al compromiso que se adquiere como persona electa.
Lo otro tan o más importante que está ocurriendo en nuestra democracia es que hoy ya las cúpulas de los partidos políticos van a tener poco poder de influencia sobre los diputados electos, pues cada uno de ellos va a ser elegido por su propio peso político y esto le va a permitir mantener su propio criterio al momento de confrontar decisiones trascendentales; seguro de estar representando a las personas que realmente votaron por él o ella e independientemente de lo que la cúpula del partido al que pertenece pueda opinar.
Todo esto se debe a que la democracia se impuso hace unos pocos meses y como resultado obligó a las dos fuerzas políticas más importantes de nuestro país a buscar un consenso para la elección de los cuatro valientes magistrados mencionados anteriormente, lo cual dio como resultado que se tuvieran que elegir personas no partidarias e idóneas y sobre todo honestas, para que nos representaran en tan importantes posiciones en la Corte Suprema de Justicia, que es la verdadera institución encargada de “controlar y administrar” nuestra democracia.
Como lo ha dicho un estadista de nuestros tiempos: “La verdadera democracia no existe, hasta que no se democratiza la economía y la justicia”.
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