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La clave de la elección

La demanda de seguridad, paz social y mejora económica es el hilo conductor del proceso electoral de 2012, y sin duda será el mismo para 2014.

Escrito por Eduardo Cálix
Viernes, 24 febrero 2012 00:00
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La mayoría de salvadoreños esperamos que de los resultados electorales resulte electa la clave para la mejora legítima de nuestra nación, con el apoyo mayoritario que le permita superar el drama de violencia e inseguridad en el que El Salvador se encuentra, alimentado por la oscura ilegitimidad de quienes impulsan y lucran con la vida y la integridad personal de los salvadoreños; absurdo flagelo que día a día busca perpetuar el miedo y el terror, con el fin de rebasar los límites de la tolerancia y la capacidad de quienes están llamados a ejercer autoridad para combatirla.

Enlutado y perplejo, El Salvador se enfrenta a un clima de violencia social que obstruye la adopción de estrategias institucionales eficaces para hacer de la crisis oportunidad de progreso, en vez de amenaza de desintegración. Esta compleja coyuntura va más allá de un problema de seguridad que pueda remontarse exclusivamente mediante el uso de la fuerza pública.

La multiplicación de oscuros poderes fácticos, antagónicos a las instituciones de la ley, tiene hondas raíces económicas y sociales, como la acumulación de décadas de crecimiento económico insuficiente y disparidades sociales y regionales que aún subsisten pese a una marcada disminución en los últimos 20 años.

Todo esto, agravado por el entrampamiento de una transición democrática que, en aras de la pluralidad y la alternancia, ha aletargado indefinidamente reformas estructurales indispensables para culminar el proceso de modernización emprendido, la consolidación de las instituciones democráticas y una respuesta eficaz a los retos globales.

Estas complejas y persistentes condiciones han producido la desocupación masiva de mano de obra calificada, sobre todo entre jóvenes que ni trabajan ni estudian; el empobrecimiento de comunidades enteras; la emigración forzada y la desintegración de familias y estructuras solidarias de soporte social; la erosión institucional y, sobre todo, la desesperanza, en cuya base estos movimientos fácticos ilegales encuentran el caldo de cultivo para sus nefastas actividades, que vulneran al Estado de Derecho, amenazan la independencia judicial y perturban la paz.

Sin respuestas eficaces y convincentes a estas causas el mantenimiento de un estado de guerra interna no declarada no solo parece ser incapaz de restablecer la seguridad pública y la confianza de la sociedad, sino que conlleva el riesgo de ahondar, más aún, el desgaste del ya frágil tejido social y el deterioro del vulnerable andamiaje institucional, hasta poner en entredicho la soberanía nacional.

La definición de una estrategia eficaz de respuesta a la violencia habrá de ser necesariamente el resultado de un vasto proceso político de construcción de amplios consensos nacionales. Los candidatos están ya a la vista. Las elecciones las ganará quien mejor entienda los anhelos de los electores y les dé la respuesta más convincente, interpretando fielmente las nobles aspiraciones de los salvadoreños de bien.

Las ganará quien conquiste el voto de los miles de jóvenes y adultos esperanzados en un El Salvador con mejor futuro. Vivimos en un país en desarrollo, aunque plagado por insondables contrastes y el estancamiento económico. Y sabemos que este estancamiento solo podrá superarse, en el entendimiento, la capacidad y la seguridad.

Por eso vamos a confiar en quienes nos demuestren ser capaces de acceder y trabajar en nombre del poder de manera legítima, de preservar la normalidad democrática, de respetar el Estado de Derecho, de fortalecer legítimamente nuestras instituciones y devolvernos la esperanza en un porvenir de progreso y oportunidades.

He ahí la clave de la elección.

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