Ayer, por enésima vez, me llamaron optimista. No me lo dijeron como elogio, pero me sirvió de estímulo para alzar vuelo.
No hay ficción que merezca el nombre de tal si no tiene un ala rota.
Víspera de viaje. Las horas se van aglomerando con la ilusión de que esta vez les sea posible acompañarme.