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Sus papás no deseaban un hijo. Así defiende al sospechoso la abuela del infante que murió trágicamente en Francia a consecuencia de un castigo paterno ingrato: golpeado dentro de una maquina lavadora encendida. El hecho despierta debate sobre la falsa tesis de que un hijo no deseado tiene más riesgos de ser maltratado, sustentando la promoción del uso del preservativo u otros medios artificiales de anticoncepción para evitar el descuido de los niños pequeños. Respeto dicha hipótesis pero no la comparto, sencillamente, porque para una persona madura (sin importar la edad), los deseos y gustos no son necesariamente la única fuente de elección de sus patrones de conducta.
Definir como salud sexual y derechos reproductivos aquella actuación de buscar el máximo placer sin restricciones de embarazos, pondría al instinto como una fuerza tan imparable e irracional que afirmaríamos que reprimirla o limitarla sería dañino en los jóvenes que quieran experimentarlo. Con este marco teórico, ya estaría sustentada la campaña para promover el sexo seguro desde la adolescencia (determinada por organismos internacionales desde los 10 años), independientemente de los riesgos que conlleva el inicio temprano de relaciones sexuales.
Por otro lado, es benéfico recordar algunas verdades sobre una actitud sexual sana (ya sea de hombre o mujer), como que la diferencia entre el animal y una persona es su capacidad de dirigir el instinto o energía afectiva sexual por la razón, cualidad que le permite autodominarse (esperarse) o abstenerse (guardarse) cuando quiera y con quien quiera.
La sexualidad humana es un hecho revestido de dignidad. El error está en afirmar que es normal darle satisfacción inmediata al impulso sexual. Esto no es cierto desde cualquier punto de vista. La satisfacción de todos nuestros deseos lleva consigo enfermedad, celos, mentiras y farsa: todo lo contrario de salud, buen humor y normalidad. En nuestro mundo muchas cosas buenas tienen como precio la abstinencia (reprimirse libremente), verbigracia, los deportistas, investigadores, etc.. Por ello afirmar que cualquier deseo, cuando es muy intenso, es natural y debe ser satisfecho, no tiene sentido. Cualquier persona civilizada debe tener unos principios según los cuales elige qué deseos contener y cuáles satisfacer.
No existen los embarazos no deseados sino inesperados, pues al menos una persona, Dios, Ser Infinitamente Sabio y Amoroso, desea que un individuo nazca, aún en casos dramáticos. ¿No es cierto que la mayoría de las circunstancias más importantes que vivimos no las hemos elegido? ¿Quién eligió ser salvadoreño? ¿O ser hombre o ser mujer? ¿Quién ha podido seleccionar a sus padres, hermanos, el cuerpo o la inteligencia propia? Somos dueños de nuestro destino, pero nuestra mayor libertad es elegir la actitud para afrontar los acontecimientos que nos vienen desde afuera (un gobierno, una enfermedad, una pérdida, una quiebra económica
.). ¿Sería entonces generosidad y valentía elegir amar incondicionalmente aquellos niños venidos a través de un embarazo inesperado? Apoyemos sin juzgar a las niñas y mujeres con embarazos inesperados, animándoles a darlo en adopción o procurando a la madre el apoyo para criar al bebé y salir adelante con sus sueños, no necesariamente en la forma esperada, pero con paz en su conciencia y salud mental.