k.alefernandez@gmail.com

Con estos hechos durante la semana, es fácil asegurar que los legisladores –algunos se han empeñado más que otros– han concentrado sus esfuerzos en mostrar su lado más prepotente y demagógico... ¡Felicidades, diputados! En los últimos siete días ha quedado comprobada su capacidad para superar diariamente los niveles de indignación ciudadana.

Pero no quisiera dedicar estas líneas a repasar las arbitrariedades legislativas, que ya han sido discutidas ampliamente. Sin embargo, me llama poderosamente la atención la incoherencia entre el discurso y las acciones del partido que representa la izquierda democrática. Revisemos algunos de sus fundamentos extraídos de su “Carta de principios y objetivos”.

“El Humanismo y la vocación de servir a los intereses de las mayorías. La persona humana como centro de toda la actividad”. ¿Dónde quedaron estos principios cuando sus diputados votaron a favor de recibir salarios por $4,854.30 mensuales cuando en este país amplios sectores de la población sobreviven con menos de dos dólares diarios?

“Primacía de la sociedad civil: favorecer la voluntad del pueblo y fortalecer todo tipo de organización y expresión ciudadana”. ¡Qué ironía! Esta semana muchos de los diputados de la fracción de izquierda han deslegitimado a las organizaciones de la sociedad civil, acusándolas de estar “vendidas”, de ser unos pocos “pelones”. Y yo que pensaba que la izquierda celebraba el pensamiento, la reflexión, la crítica. Cuesta hacerse a la idea de que a un partido humanista solo le simpatizan los autómatas.

“El empeño por la unidad nacional, la concertación y el pluralismo democrático”. Parece ser que la bancada legislativa de izquierda no interpreta la unidad y la concertación como un esfuerzo de diálogo y reconciliación, así como tampoco interpreta que la aspiración democrática tiene como fundamento el fortalecimiento y la independencia institucional.

Resulta que el instituto político que describen sus principios no coincide con las actuaciones de sus representantes parlamentarios. Esta dosis de desencanto es oportuna para citar a Jorge Volpi: “Una izquierda que en su voluntad de protegerse de quienes la acosan, no duda en soslayar la corrupción y pactar con los sectores más espurios”.

Que esta semana nefasta nos enseñe a los ciudadanos que el problema de El Salvador no es necesariamente de corte ideológico. El nudo político al que nos enfrentamos está acompañado por intereses, voluntades y corrupción imperante. Una vez más ha quedado comprobado que la historia da vueltas en la Asamblea Legislativa y que todos los partidos políticos han abusado de las instituciones para convertirlas en instrumentos de vendetta. El poder corrompe, lo mismo que la oposición se vuelve oportunista.

Un buen grupo de jóvenes profesionales y universitarios hemos consensuado un mensaje que enviar a todos los diputados (los que salen y los que entran): “Quedarnos callados ante sus abusos ya no es opción. ¡Basta ya! Nos merecemos un mejor país”.