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El rol que ocuparon los gobiernos militares, no dejando que se instaurara la democracia, lo han ocupado los partidos políticos en los años recientes secuestrando la joven democracia y la institucionalidad. Los que se alzaron en armas por falta de espacios políticos y libertades individuales, con métodos diferentes, hoy duplican esa conducta contra la que lucharon. Los partidos utilitarios, llamados taxi, han sido cómplices del Gobierno transando sus votos por arreglos oscuros y forman parte esencial del andamiaje perverso que atenta contra la democracia. 

Lo vivido en los últimos días de esta Asamblea es solo la erupción que manifiesta la enfermedad profunda que padecemos y se ha ido agravando. Los políticos se han vuelto más descarados, la corrupción es de mayores proporciones, el cinismo con que actúan es cada vez mayor. 

La mayor oposición que enfrentará el bloque en el poder vendrá de la ciudadanía, del votante cada vez más exigente, cada vez mas informado, más comunicado. La exigencia se convirtió en un proceso que no parece tener marcha atrás, el sistema se reformará inexorablemente aunque sea difícil. 

Hay dos desencadenantes nuevos muy importantes en esta rebeldía ciudadana. El primero fue la bocanada de aire puro que respiramos cuando finalmente una Sala Constitucional actuó independientemente, con sentencias apegadas a derecho, sin sometimiento a los otros poderes ni al dinero. Desdibujaron a la partidocracia, despertaron a la sociedad y, como caso emblemático, permitió a la presión ciudadana hacer retroceder a los políticos en el famoso decreto 743. 

A raíz de las coyunturas de protesta y comunión de ideas en las redes sociales, vemos que cada vez más gente de diferente signo político marcha junta, rompiendo el fatídico paradigma de polarización que nos ha mantenido prisioneros. Para los simpatizantes de izquierda, todo lo que hacía o pensaba el de derecha era malo, igualmente pensaba el de derecha del de izquierda. Más ridículo para descalificar a alguien se le acusa de ser de derecha o izquierda dependiendo del campo. 

Esa trampa viene fácil de la guerra, ha sido explotada por los partidos y todos nos sometimos a esa polarización insensata haciendo difícil avanzar. Pero no hay mal que dure cien años, la gente que no vivió la guerra no lo ve igual, los jóvenes son más tolerantes y los menos jóvenes ante el comportamiento igual de unos y de otros políticos también se han vuelto más tolerantes. 

Ahora que se comprende cada vez más claramente que la vida del país no es de derechas o izquierdas, que se trata de democracia, libertades individuales, respeto a las instituciones, funcionamiento de la ley, capacidad y honestidad de los funcionarios, transparencia y respeto al ciudadano. El proceso de exigencia se acelerará y la oposición que enfrentarán los secuestradores de la democracia será cada vez mayor. Los grandes referentes negativos en este momento son el FMLN-GANA, el bloque en el poder. Al PCN siempre se le ve igual, no ha cambiado. 

Los recuerdos de lo malo que pudo hacer ARENA en el mismo campo de las componendas con el PCN, que creció exponencialmente en su último gobierno y comenzó en el tercero, está presente, pero en la medida que lo reconozca y pueda presentarse ante el electorado no solo como un partido antiizquierda, con una nueva actitud, presentando propuestas respondiendo a lo que la población demanda, decencia en la política. 

Debe esforzarse en lograr credibilidad de que trabajaría comprometida a transformar el sistema político hacia la democracia, libertades individuales, institucionalidad y Estado de Derecho, ofrecer y convencer al electorado que no es un partido que favorecería intereses empresariales especiales, como se le acusa a ellos y hace groseramente el FMLN ahora, tendrá la gran oportunidad de convertirse realmente en un gran agente de cambio. Para ello necesitará ideas y caras nuevas.