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No es posible alcanzar la vida civilizada si la libertad no está sujeta a los dictados de la ética, razón y responsabilidad individual. La autorregulación tiene ventajas decisivas para el Gobierno, para los responsables de la industria publicitaria y al final de cuentas, reporta resultados favorables para el propio consumidor. La autorregulación no debe ser vista como un proceso de rebeldía para no acatar las leyes o principios éticos y morales que dicta una sociedad de consumo; por el contrario, debe ser vista como un acto de madurez encaminada a crear normas morales para mejorar las actividades cotidianas con una mayor conciencia y respeto social. Si ya existen las normas, lo que hay que hacer es respetarlas para que funcione correctamente la libertad de expresión dentro de una sociedad productiva. Es una realidad que la sociedad en estos momentos requiere de más y mejor información de todo producto que se encuentra disponible en el mercado, para que su elección sea más eficiente; por esta razón, es imprescindible que los gobiernos respeten y garanticen la libertad de expresión comercial apoyando y estimulando el ejercicio responsable de los comunicadores, a través de mecanismos de autorregulación cuyos resultados indiscutiblemente beneficiarán a la sociedad de consumo.
Todas las profesiones tienen, de manera implícita o explícita, cuerpo de principios, filosofías y reglas que rigen sus prácticas, su conducta y sus relaciones con la comunidad en la que se desenvuelven. Y la publicidad no está exenta de esa obligación.
En su terreno, la publicidad puede ser de gran utilidad social y económica o puede causar grandes daños. Es imprescindible que su práctica sea enmarcada dentro de un código de ética, voluntariamente adoptado por la industria. El mejor sistema que se conoce para asegurar el cumplimiento de un código de ética es la autorregulación organizada, cuando esta es administrada por los anunciantes, las agencias de publicidad y los medios de comunicación unidos especialmente para ese fin.
En este orden de ideas, aplaudimos a la Asociación Salvadoreña de Radiodifusores (ASDER) por su recién e importante paso dado con la firma del Código de Ética que rige las funciones de los radiodifusores como medios privados de comunicación, en su compromiso por desarrollar su misión institucional apegada a principios de ética profesional y libertad de expresión, que autorregula el contenido de los programas de radio y televisión, y ofrece así sano entretenimiento e información con responsabilidad, de mucha importancia para nuestra sociedad. La autorregulación publicitaria fomenta la lealtad en la competencia, abre nuevos cauces para la protección de los consumidores y produce un efecto positivo sobre el sistema económico, en general, al mejorar la imagen de la publicidad.
Asimismo, deberá incrementar su eficacia y perfeccionamiento con la elaboración de nuevas normativas éticas en sectores específicos de la publicidad y mejorar sus programas de orientación hacia las agencias de publicidad, anunciantes, medios, y muy importante, a los consumidores. Las libertades que ejercemos en nuestras actividades diarias o en el mercado no son una categoría separada de libertades. Los que niegan la importancia de la libertad de expresión comercial, lo sepan o no, están devaluando la libertad de expresión como tal.