Se trata de una clase docente muy dignificada, a la cual también se le piden cuentas a través de los resultados de pruebas estandarizadas internacionales. En nuestro medio, las cosas son muy distintas: los maestros trabajan más en teoría cerca de las 1,000 horas lectivas, a veces en dos o tres turnos; ganan una sexta parte de los salarios OCDE.
Es una profesión poco dignificada y valorada social, política y económicamente hablando, pero tampoco se le piden cuentas ni son evaluados.
Más allá de las comparaciones, lo cierto es que el maestro es el factor determinante de la calidad y de las reformas educativas (Conde, 2006), y a la vez, la clase docente es el techo de la calidad de un sistema educativo (McKinsey, 2008). Sin los docentes no hay avances, ni cambios en una sociedad; con los docentes hay oportunidades para un futuro mejor.
Desde hace años no contamos con financiamiento ni políticas de Estado para el tema, solo hemos tratado el tópico de manera periférica y con parches; en el discurso aparece el tema, pero en el presupuesto no, y las finanzas son la radiografía del quehacer de las políticas públicas educativas. ¿Dime cuánto inviertes hoy en tus docentes...? y te diré cómo estará tu país en el futuro...
El debate docente desde la reforma de 1995 a la fecha se ha centrado en solicitar un 10% de aumento y lograr un 5% de aumento cada 3 años (y ahora ni eso...). En una primera generación de reformas se logró elevar la profesión docente a nivel universitario (profesorado de 3 años) y cederla al sector privado; luego se estableció la ECAP; también llevamos cerca de 12 años debatiendo sobre la Ley de la Carrera Docente, con la vergonzosa conclusión: mejor no cambiemos nada que ya vienen las elecciones (2 años de revisiones y un año de temores electorales en las últimas 4 legislaturas).
Las gremiales de docentes cada vez más divididas y fractales se han centrado en el tema salarios y en plegarse a modelos ideológicos para quedar bien y negociar o pelear en chiquito; la mayoría de gremiales salvo algunas excepciones han abandonado radicalmente los temas pedagógicos, calidad, equipamiento, etcétera; el eje de su actividad sindical es simplemente salario y estabilidad laboral a cualquier coste.
Y gracias a esta situación las autoridades del pasado y del presente en el MINED se les ha hecho fácil negociar con un gremio dividido y bajo parámetros de dinero, algo mucho más simple que negociar sobre calidad, currículum o modelos didácticos.
De seguir así las cosas, no habrá políticas, planes o programas que cambien un ápice de nuestro sistema educativo; seguiremos como ya es costumbre desde hace 14 años con PAES, Paesita y ECAP mediocres.
Seguiremos educando sin modelo psicopedagógico, sin currículum y sin equipamiento al garete; y lo peor seguiremos reproduciendo el modelo dividido de dos clases de ciudadanos: una minoría, que se educan en un sistema privado con más oportunidades, conocimientos, docentes más cualificados y tecnologías; y la mayoría, que se educan en un sistema público con menos oportunidades, conocimientos desfasados, docentes poco dignificados y uniformes. Este es el drama que nadie quiere abordar, ni siquiera discutir...
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