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Por los diferentes medios de comunicación se puede apreciar cómo en el mundo hay pueblos soberanos, valientes, decididos, aun con sacrificio de vidas, que han desafiado a gobiernos diciéndoles: ¡Basta ya!

Posiblemente esos gobiernos ellos mismos los eligieron, quizás engañados, pero fueron administraciones que actuaron como si fueran los dueños de la sociedad; y violentaron a su antojo la Constitución, similar a gobiernos cuya filosofía es “yo soy yo y que muera mi abuela” sin importarles las consecuencias.

También hemos apreciado pueblos soberanos que han dicho “basta ya” a gobiernos que abusaron de su autoridad para provecho propio, especialmente en el aspecto económico-financiero; que después de agotar los presupuestos, suscribieron gran cantidad de préstamos internacionales sin realizar obras de ninguna naturaleza, pero llevaron a los pueblos a la insolvencia económica y el desprestigio internacional.

Se justifica que esos pueblos, ante tanto atropello, sintieran la necesidad de separar a esos gobiernos irrespetuosos e incapaces, juzgando criminalmente a los funcionarios responsables, y confiscándoles hasta el último centavo que no hubiera sido fruto de su salario establecido.

De igual manera, debe juzgarse a aquellos funcionarios que le mintieron al pueblo con el fin de engañarlo.

Hasta en obras literarias la mentira es criticada duramente, como en “La verdad sospechosa” de Juan Ruiz de Alarcón, obra en la que crea un personaje muy singular llamado “don García”, que se caracteriza por la afición a las mentiras y embustes, que lo hace para confundir, muy similar a lo que hoy realizan en el país.

La verdad, en El Salvador, siempre se han tenido defensores, como el señor José Dutriz, quien hizo de la verdad una mística el 10 de mayo de 1915, cuando circuló el primer ejemplar de LA PRENSA; son 97 años que la familia Dutriz ha tenido como misión orientar al pueblo, ser eco de sus clamores, siempre que estén enmarcados dentro de la justicia, sin traicionar la verdad.

Los salvadoreños somos un pueblo soberano, pero hoy estamos siendo atropellados, no por motorizados, sino por la administración comandantes-don Funes que violenta constantemente la Constitución, y son incapaces para dirigir el país.

Señalé que nos llevarían al fracaso. Esta afirmación se hizo realidad este 18 de abril, cuando el FMI suspendió el acuerdo “stand by” por no haber cumplido las metas prometidas, y el desorden financiero que tiene la administración.

Con esta suspensión, han puesto por el suelo internacionalmente el prestigio de El Salvador.

La suspensión de dicho acuerdo se los comunicó Miguel Savastano, director adjunto del FMI, al grupo de iluminados que llegaron a “suplicar” por la prórroga, pero tragaron saliva gruesa ante las palabras de Savastano: “No son confiables”.

Hoy, abren un nuevo hoyo, $200 millones con el BID para más despilfarros. Lo mejor será que vendan lo que queda de El Salvador.

Señalé también las constantes violaciones a la Constitución, como las trasferencias de dinero a la Presidencia, que la Sala de lo Constitucional las declaró inconstitucionales; que han motivado la sed de venganza, como también el miedo a las resoluciones de recursos contra nombramientos ilegales, según los peticionarios.

Esa sed de venganza los ha llevado a urdir planes y elaborar combos, para ser ejecutados por corderos sin importarles esas decisiones.

¿Hasta cuándo soportaremos tanto atropello? ¿Dónde está nuestra dignidad?