rloucel@utec.edu.sv 

Alguien me decía que El Salvador ha pasado peores momentos; “consulta efemérides de LPG”, agregaba quien me invitaba a acudir a la historia. La persona con quien sostenía esta conversación pensaba en los principios de los años treinta o de los ochenta, en los cuales por circunstancias adversas diferentes, el país pasó por difíciles momentos. “Analiza las circunstancias, pero que estas no te perturben”, me aconsejaba otro amigo, un clásico apático, de esos que abundan. 

El Salvador de hoy está padeciendo de ¿circunstancias adversas o de crisis integral? Anormalidades las está afrontando el mundo entero, incluso hasta los países desarrollados presentan problemas de estancamiento económico y fenómenos de descomposición social; pero el caso que interesa a los lectores es El Salvador y este padece de todo y el término crisis integral es aplicable.

Una parte importante de su población depende en alto grado de las remesas familiares y otro gran porcentaje de un subsidio para adquirir productos esenciales, muchos, en la frontera de la subsistencia. Paralelamente el gobierno tiene dificultades para cubrir el gasto corriente y las pensiones; además perdió temporalmente el derecho a recibir un préstamo de emergencia por parte del Fondo Monetario Internacional por suspensión de acuerdo con este organismo. Sin embargo, esa misma población se gasta lo que no produce internamente a pesar de residir en un país con limitaciones de: productividad, competitividad, generación de empleo, inversión privada y pública, desproporción negativa entre lo que importa y exporta, fuga de capitales, con la amenaza de una desdolarización forzada en un futuro, ostensible pobreza, bajos niveles de educación.

Y todo lo descrito en el contexto de una politiquería que obstaculiza y que no está sometida a la rigidez de los principios, solo al pragmatismo de ganar dinero, con el único defecto que ese objetivo se logra con el potencial ahorro de la mayoría. 

Los últimos acuerdos tomados por los políticos en la Asamblea Legislativa se asemejan a un golpe de Estado técnico, puesto que un Órgano del Estado se ha impuesto sobre otro, cediendo a intereses particulares en contra de la institucionalidad del país, entendida esta como el ejercicio de la soberanía del Estado por medio de la distribución político-administrativa, basada en la división de poderes del Estado.

Le siguen agregando peso a un pueblo genéticamente desfavorecido, en su mayoría estructural y culturalmente ignorante, como si fuese, perdón por la comparación, animal de carga que resiste sin protestar.

Es en ese sentido que hay que aplaudir el esfuerzo que han realizado diferentes organizaciones y movimientos civiles manifestándose en forma pacífica contra tales acuerdos. Como llamaradas de tusa movimientos ciudadanos protestan, algunos pocos en las calles, otros también hastiados pero temerosos, haciendo catarsis intramuros, envidiando la nacionalidad de otros seres del planeta, exigiendo estoicamente el respeto al Estado de Derecho y protestando anónimamente por los atropellos a la voluntad popular. Atropellos, porque literalmente pasan por encima de una población trabajadora e ingenua a quien representan, con violaciones a la Constitución, despilfarros de fondos públicos y políticas de un órgano fundamental para beneficio abiertamente particular; cuando la mayoría de esa población experimenta el collage de problemas descrito y claman por empleo, seguridad, educación y salud.