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Miguelito estaba contento con su nuevo teléfono que le dio como obsequio su madre luego que se graduó. Se trataba de un BlackBerry última generación, con todo lo nuevo que esto implica. Como invitados a ese acontecimiento, departimos con su familia y la mía en una cena, y apenas el joven levantaba la cabeza para negar o afirmar lo que le platicábamos, la velada se concentró en dicho aparato.

Sin duda alguna, internet ha venido a cambiar la forma de comunicarnos. Hace unas semanas recibí por correo electrónico la noticia de que la madre de un amigo había fallecido e invitaba a su vigilia y al enterarse otro amigo que recibió la noticia, envió su sentido pésame por la misma red de correo electrónico y además se disculpaba de no poder acompañarle en su dolor.

Esto me pone a pensar que poco a poco vamos perdiendo el contacto humano, el sonreír uno con otro, estrecharnos las manos y toda la comunicación directa cara a cara con nuestro interlocutor. Internet nos está haciendo más frívolos e insensatos. Dentro de poco ya no existirán los sellos postales, las cartas, las postales. De hecho, Suecia y Dinamarca los han sustituido por mensajes SMS: el usuario recibirá un código y lo copiará en el sobre para realizar el pago. Todo esto aunado a un sinfín de tecnologías modernas como teleconferencias, clases virtuales, telefonía móvil, blogs, etcétera.

No hace falta moverse para pagar un recibo de luz o teléfono, obtener un título universitario, entrar a un museo... Basta un simple clic.

Sin embargo, aun con todo este avance, este mundo sigue lleno de desigualdades: ¿Qué tal les va a aquellos que nunca han tocado una computadora? En El Salvador lo que se ha dado en llamar la brecha tecnológica ha marginado a muchos: solamente un 3.7% tiene acceso a internet y solo un 3.6% de los habitantes tiene una cuenta de correo electrónico.

Lo que significa que de nada sirve tener grandes avances tecnológicos si la población no tiene acceso a estos.

En 2011, Wael Ghonim, ejecutivo de Google, es nominado como el personaje más influyente según la revista Time, por el hecho de iniciar una revolución pacífica para derrocar al régimen de Mubarak en Egipto. Sin embargo, dichas protestas tuvieron que llevarse a las calles, a las grandes plazas de El Cairo, necesitaron de estar unidos en carne y hueso, enfrentarse a la policía y manifestar todo su descontento de forma real e in situ, no lo hubiesen podido lograr solo por medios electrónicos. Muchos se jactan hoy de contar con miles de seguidores en las redes electrónicas sin siquiera conocerlos.

El ámbito educativo también ha sufrido cambios a causa de internet. La educación a distancia ha facilitado el acceso, pero hay alguien al otro lado que debe orientar el aprendizaje: el maestro, el cual se vuelve insustituible contrario a lo que se percibe que ya no será necesario. Lo cierto es que no es igual visitar el Museo del Prado de forma virtual que estar en el lugar de forma real, no se siente la atmósfera, la sensación y el goce de estar frente a los cuadros de Velázquez y los de Goya que verlos tal cual fotografías.

No hay duda de que las nuevas tecnologías son un gran salto de calidad al desarrollo, pero no olvidemos que fueron hechas para estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de estas. Utilicemos la tecnología, pero no lleguemos a la alienación ni olvidemos que somos humanos que sentimos, pensamos, hablamos, lo que una máquina no puede hacer.