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El pleito entre políticos, empresarios de transporte, maestros y otros interesados en las “ganguerías” gubernamentales está tomando proporciones, no solo ridículas, sino irreales.

Todo este relajo proviene de la complacencia de los gobernantes que en el pasado creyeron que era mejor subsidiar que crear las condiciones para el crecimiento sostenido, ordenado y estimulante.

Antes de la última campaña presidencial se incrementaron los subsidios, como manera de ganar votos. El fracaso fue evidente, el regalón perdió las elecciones. Lo que sí es cierto es que creó un problema de grandes proporciones al acostumbrar a los ciudadanos a las “regalías” de papá gobierno. Fueron de todo tipo, para los buseros, las gaseras, las compañías de electricidad y se regaló dinero en el programa Redes Solidarias.

Los fideicomisos de pensiones y seguridad y educación fueron figuras que le dieron alivio financiero al gobierno de Saca, pero los organismos financieros nacionales e internacionales, incluidas calificadoras de riesgo, advirtieron riesgo para la sostenibilidad fiscal del país a futuro.

El nuevo gobierno llegó a continuar la política de regalar dinero a manos llenas y a seguir endeudando al país, en clara contraposición a las críticas, que el ahora partido en el gobierno hacía a los gobiernos anteriores. Los subsidios se incrementaron hasta que la banca internacional empezó a poner presión y se inició la “refocalización al subsidio del gas”.

El actual gobierno, según entendidos en la materia, ha tenido la más alta recaudación fiscal de ningún otro gobierno, la mayor cantidad de dinero disponible por préstamos y ahora nos dice nuestro presidente que la caja chica del gobierno tiene un déficit de cuatrocientos millones de dólares.

Indudablemente que se requerirán recortes en muchas áreas, entre las que se incluirán los subsidios, sobre todo aquellos que a todas luces son abusados como el del transporte público. No hay duda que el presidente tendrá el apoyo de la población, sobre todo si aprovecha de una vez por todas ordenar al sector.

Lo que no tendrá el presidente es un cheque en blanco, para hacer cortes donde a él se le antoje. La ciudadanía ha observado con tremenda desconfianza el último atol con el dedo que nos quiso dar, al no nombrar el Instituto de Transparencia y externar las excusas más ridículas, para justificar su incumplimiento con la ley, atribuyéndose facultades en un reglamento, que la ley no le da y descalificando a todos los profesionales propuestos en las ternas. Sorprende, sí, que esa misma exigencia no se aplique en la selección de su gabinete.

No hay duda que ante la crisis a la que nos han llevado, hoy habrá que apretarse los pantalones, pero no sin antes saber qué se han hecho nuestros impuestos y con regañar no será suficiente para calmar los ánimos, no solo de los que pagan sus impuestos, sino de aquellos vividores, que usufructúan por años el erario público en la forma de subsidios o de aumentos de salarios injustificados.

Ya empezaremos a oír a aquellos políticos, que siempre han vivido del Estado y nunca han creado una fuente de trabajo, empezar a despotricar en contra de los que pagan sus impuestos, para que paguen más.

Mientras tanto, ellos están ocupados gastando en sus comidas y trajes finos, movilizándose en carros de lujo, viajando en representación de los intereses de sus patrocinadores.