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EL SALVADOR IMPRESIONANTE es nuestra MARCA PAÍS y surge de un trabajo de branding cinco años atrás, el cual determinó que El Salvador sorprendía por ser un país más desarrollado de lo esperado; por su naturaleza impactante; con instituciones creíbles y gente trabajadora. En resumen, un país que tiene la capacidad de sorprender y persuadir por ser una nación rica en amplios espectros, desde el turismo hasta la inversión de capitales y negocios, que genera confianza, visión de futuro, evolución económica, honestidad, dedicación al trabajo, amabilidad, cordialidad y estabilidad.

Sin embargo, toda marca de país es una imagen que se activa en nosotros, nos vuelca una serie de experiencias, percepciones e ideas, sintetizando una evaluación de la misma. Ese ADN-MARCA, esa imagen, son la promesa de que al entrar en contacto con ella encontraremos lo ofrecido. Toda marca es una imagen, y toda imagen cuenta una historia. Una historia que sólo se desarrolla en la imaginación de quien piensa y sienta la marca. Lo que vemos en realidad por medio de la historia que la marca cuenta, es a nosotros mismos actuando dentro de una posible historia futura. Los seres humanos operamos siempre desde una coherencia, donde el lenguaje constituye nuestra realidad a través de los juicios, opiniones y declaraciones que emitimos. El cuerpo es el espacio físico en el cual nuestro lenguaje y emociones se manifiestan. Debemos reconocer que la MARCA EL SALVADOR IMPRESIONANTE ha perdido coherencia entre lo que promete y la realidad: ¿Genera confianza, cuando la seguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones?… un sistema de justicia cuestionado. ¿Existe estado de derecho? ¿Cuál es la visión de futuro en materia política y social? ¿Son creíbles nuestras instituciones? ¿Estabilidad, para atraer inversión en medio de lucha Asamblea y Sala de lo Constitucional? ¿Evolución económica, estando a la cola en la proyección del crecimiento de América Latina? Baja calificación riesgo país. ¿Honestidad, definida como calidad humana que se compromete y expresa con coherencia y autenticidad, de acuerdo con los valores de verdad y justicia?... Definitivamente no pasa la prueba nuestra marca país. Lo cierto es que ha perdido valores racionales, apelando aparte de su naturaleza y destinos turísticos, a lo emocional de su esencia de Marca: ¡Dedicación al trabajo! genoma salvadoreño, muy bien acentuado en nuestra secuencia de identidad, trabajo que realizamos día a día pese a toda adversidad, con persistencia, decisión y fe en el futuro de nuestro terruño; ¡amabilidad y cordialidad! inseparables cromosomas en nuestro ADN país. Más allá de las causas que dan origen a las ficciones orientadoras de la identidad nacional y los discursos que emitan sus representantes, afecta los parámetros de la identidad individual de los salvadoreños en el presente y la matriz en donde las nuevas generaciones se desarrollarán. El desafío es mayor que lo que a simple vista parece. Porque se puede pensar que la Marca El Salvador tiene que ver no sólo con algunos negocios, sino también con la manera de ver la nación, la cultura local y los modos ideales de relacionarse con el mundo y con la valoración que hagamos de nosotros mismos. Para el Estado y para toda forma de organización social, no existe la posibilidad del silencio. El Estado no tiene la excusa de la omisión. Por todo esto, se puede concluir que para llegar al resultado esperado se requerirá de inteligencia, estrategia y compromiso con las necesidades complejas que se entrecruzan en cualquier idea de nación.