Ninguna fuente expone mejor esta solución que el libro El estudio de China de dos doctores Campbell, impreso en 2004. Resultado del estudio más grande y completo jamás realizado sobre la relación entre salud y nutrición, sus ejecutores fueron científicos de renombre mundial pertenecientes a instituciones igualmente de renombre mundial: la Universidad de Cornell, la Universidad de Oxford y el Laboratorio de Investigación de la Salud de China [Continental].
Los ejecutores del estudio agruparon las enfermedades estudiadas bajo dos categorías menos convencionales: las enfermedades de la pobreza y las del bienestar. Las primeras incluyen enfermedades gastrointestinales y respiratorias, la enfermedad de Chagas, etcétera. Las segundas ¡qué sorpresa!, las enfermedades señaladas al principio: las cardiovasculares, etcétera. Las primeras más asociadas a deficiencias de higiene, ambientales y a la escasez; las segundas con un factor fundamental en común: la dieta. Una dieta basada cada vez más en carne, leche y derivados.
Una por una, el autor principal toma estas enfermedades de la afluencia y destapa el factor común fundamental. Nueva sorpresa: No es, como mucho se ha pensado, ni el colesterol ni las grasas; es la proteína animal, proteínas que, sorprendentemente, generan cambios en el cuerpo humano no observados al ingerir proteína vegetal, en particular la acidez o pH de la sangre.
Las implicaciones de lo manifestado en este libro son gigantescas en los ámbitos local, mundial, económico, social y ambiental. ¿Cuál es la solución a una enorme mayoría de estas enfermedades de sistema circulatorio, nervioso y de cáncer? Dieta; simplemente dieta. Una basada en granos integrales y otra materia vegetal apropiada (verduras, frutas, raíces, flores comestibles, etcétera). Esto último enfatiza por qué incluso han fracasado muchas dietas supuestamente vegetarianas, que para algunos pueden incluir harinas refinadas, huevos, leche y hasta pescado.
Pero después del susto, este libro contiene mensajes muy positivos, comprobados y alentadores. En particular, que posiblemente todas estas enfermedades son tratables y aun reversibles y curables sin necesidad de tratamientos caros que, con demasiada frecuencia, tienen efectos secundarios graves. Más bien el tratamiento obvio una dieta adecuada genera muchos beneficios secundarios por la forma holística en que los alimentos trabajan en el cuerpo humano. Sucumben muchas dietas reductoras, sobre todo aquellas rápidas y cortas que buscan soluciones mágicas e instantáneas. Destroza incluso la afamada dieta Atkins.
Hay implicaciones gigantescas para nuestros ministerios de Agricultura, Educación, Economía y Salud, y para nuestros máximos líderes políticos. Y obviamente para todos nuestros médicos cuyo currículo y formación generalmente sufren de graves y ya imperdonables deficiencias en nutrición y nuestros nutricionistas. Pero también hay implicaciones para nuestro Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales que subrayan su importancia social y económica que están pasando totalmente inadvertidas. De esto último se hablará en un artículo siguiente.