rovilam@gmail.com
Qué bueno que al fin alguien suena la campana y hace un llamado a jugar limpio. El llamado hace caer en la cuenta que en realidad, a la mayoría de los dirigentes políticos salvadoreños se les ha olvidado actuar en verdadera democracia y esto se aplica a todos los partidos, sin excepción. La aclamación se queda corta, pues esta tiene que recurrir a la simbología deportiva para hacernos comprender que lo que pasa es que hemos olvidado nuestros valores éticos y morales y cada día se piensa más que la cachería es permitida, que mientras no me descubran, todo se vale y que si me descubren, tengo amigos que me ayudan y mienten, para no tener consecuencias.
El resultado de lo anterior es lo que el presidente Funes está sintiendo y es por esto su llamado. Es indudable, y los síntomas son claros, que el gobernar en El Salvador se ha vuelto casi imposible, pues el problema es que la mayoría de dirigentes políticos solo buscan sus propios intereses y no los de la nación.
Haciendo eco al llamado del señor presidente, qué bueno que ahora por primera vez en la historia de nuestro querido país tenemos un buen árbitro.
Todos los aficionados al deporte sabemos que la cualidad más importante de un árbitro es que este debe ser imparcial y que no busque el beneficio de uno u otro equipo, sino que solo se encargue de velar porque el que gane sea el mejor, de acuerdo con las reglas establecidas del juego.
Siguiendo con la misma simbología ocupada, en nuestra democracia las reglas establecidas del juego son la Constitución de la República y el árbitro nombrado es la Sala de lo Constitucional; por lo que para un juego limpio, esto es lo primero que todos los políticos debieran aceptar.
Pero y ¿cómo vamos a jugar limpio?, si ni siquiera se acepta y mucho menos se respeta al árbitro. La última evidencia que tenemos de esto es que el equipo principal y más bien el dueño de la pelota, que es la Asamblea Legislativa, está tratando de desconocer al árbitro y no solo está tratando de quitarlo, sino de desautorizar sus decisiones recurriendo a un tribunal que no tiene ninguna legitimidad de acuerdo con las reglas establecidas del juego de El Salvador.
El presidente de la república se atreve a hacer el llamado, pero pareciera que este cae en saco roto pues la máxima dirigencia de su propio partido continúa actuando como si no se ha dicho nada y la mayoría de partidos de oposición se siguen aprovechando de esto, con la única intención de lograr beneficios personales.
El primer juego limpio que debiéramos buscar es el de llamar a las cosas por su nombre, sin tener que recurrir a simbologías y esto es donde el llamado del presidente de la república se queda corto, pues el primer llamado que debe hacerse es a reconocer y aceptar al árbitro, y el presidente de la república se debiera promulgar en este sentido.
En adición, jugar limpio significaría el abrir a los mismos partidos a que sus dirigencias y financiamientos se comporten en verdadera democracia y que estos no sean elegidos por unos pocos; argumentado la falta de procedimientos adecuados.
Específicamente para las próximas elecciones de 2014, jugar limpio significaría el permitir que los candidatos a presidente de la república, de los distintos partidos políticos, sean elegidos en verdadera democracia interna y significaría que el gobierno del mismo presidente que tan oportunamente hace el llamado, ponga a su disposición todos los recursos necesarios para que esto se pueda dar.