Posteriormente a mi graduación me incorporé a la Universidad Nacional y fui uno de los fundadores, en 1969, de la Sociedad de Ingenieros Agrónomos de El Salvador.
Tuve magníficas experiencias durante mis días de estudiante en Puerto Rico o Isla del Encanto como es conocida mundialmente la tierra natal de la embajadora Aponte, por la belleza de sus paisajes y las virtudes de sus gentes.
Dadas algunas características parecidas entre Puerto Rico y el nuestro y actitudes de ella ya conocidas por muchos cuscatlecos, confío en su vigorosa gestión diplomática en apoyo y provecho de la economía nacional, tan dependiente de las remesas familiares y de las importaciones, principalmente en lo que respecta al desarrollo de nuestra pequeña y mediana agricultura que se encuentran muy deterioradas por diversas razones.
Creo interpretar los deseos de muchos salvadoreños porque su retorno a nuestra patria le sea grato y provechoso para Estados Unidos y El Salvador.