La Británica se publica ahora en internet. Esto no solo abarata costos de producción (la versión impresa costaba unos $1,400; por la versión en línea se pagan $70 anuales) sino que también permite actualizarla constantemente.

 

Algo está pasando cuando una venerable publicación con más de 240 años de existencia decide ponerle fin a una tradición hermosa pero inútil. El tema viene al caso en El Salvador. La revista Cultura tiene medio siglo de existencia. En los últimos años se ha vuelto irrelevante en la vida cultural del país. Apenas se vende. No está en librerías. Las personas con el poder de decidir sobre su futuro tienen en sus manos una extraordinaria oportunidad.

 

Una transformación de este tipo no debiera verse con aprensión. El paso del formato impreso al electrónico requeriría concebir y desarrollar un nuevo producto adaptado a las características propias de las publicaciones en línea. Esto debiera ser visto como la continuidad de la publicación impresa. Estoy seguro de que una iniciativa como esta contaría con el apoyo y la atención de numerosos lectores y colaboradores por todo el mundo.

 

Las ventajas de hacerlo son muchas. Una revista en línea se produce de manera más rápida, fácil y barata. Una buena base de contactos facilita su distribución de manera instantánea. La web ofrece oportunidades para equipos editoriales con recursos limitados, dispuestos a trabajar en red. En mi columna anterior hablaba de las transformaciones experimentadas por los libros. Veamos algunos ejemplos de revistas.

 

Uno de los fenómenos más atractivos es Orsai, una revista literaria trimestral libre de publicidad que ha impulsado un método de distribución “basado en el boca a boca e internet”. Publica creación literaria, entrevistas, cómics y fotografías. Se imprime en tiradas limitadas, pero su fuerte es la versión para internet, que es leída por millares de personas. Hernán Casciari, su director, sostiene un credo muy simple: hacer un medio de comunicación humano y honesto, que dé ganas de leerlo.

 

La revista digital FronteraD, publicada en España bajo la dirección del periodista Alfonso Armada, tiene entre sus axiomas: “El respeto a la inteligencia del lector y el estímulo de su curiosidad”. Un grupo de artistas visuales subastaron obras y donaron el dinero para ayudar a la fundación de la revista. La crónica periodística es su plato fuerte, pero también ofrece ensayos sobre ciencia además de una cuidada sección de poesía.

 

El escritor Sergio Ramírez dirige la revista Carátula, un sitio de referencia sobre literatura centroamericana. Se publica mensualmente en Managua. Carátula es un ejemplo de lo que puede hacerse con recursos básicos, toda vez se tenga una línea editorial muy clara y se cuente con una red de colaboradores. La revista en línea publica narrativa, poesía, cine, entrevistas. Con ocasión de los 50 años de vida literaria de su director ha convocado al Certamen de Cuento Breve 2012.

 

Las tres publicaciones citadas han hecho una apuesta clara por internet. Sus editores han sabido encontrarse y fortalecer redes de escritores, periodistas, artistas y, sobre todo, lectores, creando propuestas originales e innovadoras. Como dijo Jorge Cauz: “Ahora tenemos una herramienta mejor”. Solo se necesita un poco de coraje para desapegarse de lo inútil.

 

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