Oficialmente este día se dedica a reflexionar sobre la ocupación más importante en la sociedad: ser maestra... ser maestro.

¿Se recuerda quién le enseñó que escuela era sinónimo de alegría? Quienes recordamos la vivencia de la educación parvularia seguramente tenemos en mente juegos, canciones, ejercicios corporales, refrigerios compartidos, recreos, disfraces de colores, aprendizaje de poemas, pintura, plastilina y arena, cuentos y seguramente la actuación en alguna fecha especial. Estos recuerdos existen porque hubo una persona que a diario nos demostró alegría, amor y paciencia, una persona con una sonrisa, por quien se hizo cola para darle un beso antes de retirarse del aula. Esa persona llamada maestra está en nuestra mente y corazón por siempre. Nunca olvido a la señorita Leonorcita.

 

¿Se recuerda quiénes le enseñaron a escribir su nombre, a sumar y restar, a leer con buena pronunciación y a escribir sin errores de ortografía? Fueron mis maestras y maestro de primero a cuarto grado. Las señoritas Anita, Consuelito y Carmencita y el profesor Otto. Me introdujeron en el mundo de la comunicación. Cuidaron mucho la expresión verbal, escrita y corporal. Me motivaron a compartir las experiencias del fin de semana de manera escrita y verbal. Preguntaban con interés. Supongo que lo que cada alumno relataba les servía de insumo para conocer a las familias. No dudo que este insumo lo utilizaron para acercarse a los padres y las madres en un proyecto de responsabilidad compartida en el proceso de formación de los hijos e hijas.

 

¿Se recuerda quién impactó su adolescencia como modelo y referente? En séptimo grado fue mi maestra de Matemáticas, la señorita Silvia. Una mujer joven, motivadora en su enseñanza, exigente en el aprendizaje, cuidadosamente vestida, que en su evaluación del aprendizaje siempre tomó en cuenta el contenido, la resolución de problemas y la presentación. Más que enseñar Matemáticas, motivó el pensamiento para resolver problemas. Enseñó a disfrutar el álgebra, los logaritmos, el uso de la regla de cálculo y más. Nos enseñó que las matemáticas eran parte de la vida. Sus clases se hicieron parte de nuestras vidas en lo científico y en lo personal. Puedo verla entrando al salón de clases y todas las alumnas esperándola de pie para expresar el respeto.

Otra fue la Sra. de Illescas, profesora de física en noveno grado. Ella fue ejemplar por su sonrisa y su alegría en la enseñanza. Todas queríamos estar con estas maestras y escucharlas, porque dentro y fuera del aula eran ejemplares y motivadoras.

 

Y en la universidad, ¿qué docentes tuvieron más impacto en la formación? Los más libres y exigentes pidieron diversidad y actualización de fuentes de información, los que utilizaron métodos poco convencionales, los que motivaron a preguntar y preguntarse, los que provocaron diálogo y trabajo en equipo, los que motivaron y reconocieron el trabajo individual sin restarle importancia a la cooperación, los que motivaron el razonamiento y de manera especial los que nunca se hicieron dueños de la verdad. Con el paso del tiempo, algunos se convierten en jefes y otros en compañeros de trabajo, y en la relación nunca se olvida la huella que dejaron.

 

Se cambia de papel. Y cuando se asume el correspondiente a madre la experiencia con el sistema educativo es otro. Se empieza a escuchar: es buen estudiante pero mucho habla, no se está quieto, termina las tareas y se levanta a quitar la atención a los otros, sus notas están por debajo de la capacidad... esto y más dicen una y 1,000 veces los maestros de nuestros hijos e hijas. Al finalizar la educación media, cualquier madre y padre recuerda con gratitud a los maestros y las maestras que dejaron huella en la vida de los hijos. Fueron maestros y maestras que sabían cómo motivar el aprendizaje, que estimularon el orgullo y la estima personal, que enseñaron con principios. Eran personas alegres, independientemente de su edad. No reflejaban complicaciones personales. Con ellos y ellas se podría tener comunicación directa, franca y comprensiva. Valoraban su trabajo y no perdían el tiempo. Se recuerdan con admiración y gratitud.


En este Día del Maestro, el reconocimiento a todos y todas las que en el ejercicio de su misión dejan su marca en nuestras vidas.