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No hay dudas de que cuando conviene, todos somos demócratas, pero cuando no se comparten las decisiones del colectivo, queda claro que la democracia es solo un discurso del diente al labio.

Los partidos políticos salvadoreños no pueden ser verdaderamente democráticos si no practican hacia adentro lo que predican hacia afuera.

 

Tanto el FMLN como ARENA han dejado claro en los últimos días que la democracia es solo parte de su discurso electoral. Ninguna de las dos grandes fuerzas políticas está dispuesta a entregarle el poder de decisión a la gente, ni siquiera a las militancias de sus propios partidos.

 

El anuncio de ambos en torno a las candidaturas presidenciales ha develado lo que todos sabemos, pero que ellos siempre quieren esconder: que son partidos políticos esencialmente alérgicos a, y desconfiados de la democracia. Los problemas de la democracia se curan con más democracia, se suele decir. Pero esa visión no la comparten las cúpulas de ambos partidos.

 

El FMLN ya dejó entrever que el candidato presidencial rojiblanco para la contienda 2014 será el actual vicepresidente de la república, Salvador Sánchez Cerén. El anuncio también desnudó que son tres o cuatro las personas de la cúpula efemelenista que han tomado dicha decisión.

 

Pero... bueno, al fin y al cabo, esa ha sido la norma en ese colectivo de izquierda. No hay nada nuevo bajo el sol. Tampoco ARENA se ha caracterizado por ser una institución que se pueda jactar de ser democrática a la hora de tomar decisiones. Pero que venga ahora a querer disfrazar un dedazo es el colmo.

 

Sobre todo después de lo sucedido en 2009. En aquel año, la militancia arenera y la opinión pública fueron víctimas de un proceso interno fraudulento que pretendía esconder un dedazo. El resultado de dicho proceso fue una crisis interna de gran envergadura y una derrota electoral traumática.

 

Que tres años después venga la dirigencia tricolor a querernos dar atol con el dedo, de que el proceso de selección del presidenciable será resultado de una consulta interna, es ofensivo. El dedazo que están cocinando hoy en ARENA es igualmente rechazable al dedazo escondido de 2009. Los resultados pueden los mismos o peores.

 

El problema es el mismo de siempre. Mientras los partidos políticos salvadoreños no se institucionalicen, continuarán siendo rehenes de la improvisación y del manoseo de intereses mezquinos. La falta de reglas claras –incluyendo el voto secreto– y de un verdadero compromiso democrático es lo que permite que cada tres o cuatro años se tengan que improvisar medidas de decisión interna que riñen con la transparencia y con la institucionalidad.

Alguien dijo atinadamente estos días que el país urge una ley de partidos políticos que garantice un mínimo de transparencia en el ejercicio de la competencia electoral. Es cierto, pero también urge que los ciudadanos exijamos de nuestra clase política en los términos más claros, un verdadero compromiso democrático con el país.

 

De repente, hay un silencio incómodo por parte de muchos de quienes reclaman democracia para unas cosas, pero callan cuando la verdadera democracia está en entredicho.