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Al respecto, es conveniente destacar que los salvadoreños están acostumbrados a vivir en crisis y que ello los lleva a rechazar las ideas que varios políticos transmiten públicamente; por ejemplo, crisis es igual a oportunidad. Ese es un cliché. Si fuera cierto y dada la alta vulnerabilidad social, ambiental y económica del país, El Salvador sería la tierra prometida.
1. Todos los gobernantes son iguales. Prometen el cielo y la tierra durante las campañas electorales, pero al llegar al poder todos hacen lo mismo. Se generó una gran expectativa con la primera alternabilidad en la Presidencia de la República, pero los hechos están demostrando que los cambios estructurales requieren del concurso de los sectores público, social y privado. No es una cuestión de derechas o izquierdas, es un asunto de visión, diálogo y gestión.
2. Aquí no se van a componer las cosas, hasta que llegue alguien fuerte a poner orden. La desesperación ciudadana ante tanta violencia e inseguridad hace que el régimen militar sea visto como la solución al problema del crimen. La bota del siglo XXI es una idea controversial, la cual pareciera ser aceptada y rechazada por miles de compatriotas. Lo significativo es que la dictadura militar esté en la mente de numerosos salvadoreños 20 años después del Acuerdo de Paz.
3. Pan y circo es la mejor fórmula para gobernar. Ahora le llaman transferencia monetaria condicionada, semilla mejorada, refrigerio escolar, televisión e internet. Las frecuentes crisis (terremotos, inundaciones, conflictos, alzas del petróleo, caídas del café y otras) han hecho que miles de salvadoreños vean a papá gobierno como el encargado de socorrerles, aunque se tenga una limitada cultura tributaria. Generándose así un círculo vicioso: no se deben subir los tributos por la crisis actual y por estar siempre en crisis, lo mejor es tener una baja carga tributaria y emigrar en busca de oportunidades.
4. Que te ayude el gobierno. Extender los programas sociales sin crecimiento económico y únicamente por la vía de los servicios y regalías es contraproducente (asistencialismo). Es clave atacar la pobreza y exclusión social a través del ingreso, vía actividades generadoras de empleo e ingreso. Esta medida es crucial para que la población abandone la actitud pasiva e improductiva que genera la recepción prolongada de remesas, transferencias y subsidios.
5. Hay dos pronósticos: el bueno, que la izquierda perderá las próximas elecciones; el malo, que ganará la derecha. La clave está, entonces, en que la ciudadanía participe en las cosas que les afectan su vida y en lograr que izquierdas y derechas se pongan de acuerdo en invertir anualmente el 5% del PIB en educación, en rescatar el río Lempa, en fortalecer el estado de derecho y en tener un buen sistema de transporte público.
6. Un político piensa en las próximas elecciones; un estadista, en las próximas generaciones. La recurrencia de las crisis hace que los gobiernos estén siempre atendiendo emergencias. La solución de los problemas estructurales se la dejan al próximo gobierno y así sucesivamente. El centralismo, el presidencialismo y el asistencialismo impiden que se construya una visión de nación.