Es decir, es un adolescente en el mejor sentido de la palabra. Esta tarde, a la sombra del eucalipto y junto al aromado auspicio del heliotropo, está leyendo un libro de esos que hoy tanto circulan, bajo un epíteto muy propio de la mercadología imperante: Cómo alcanzar el éxito auténtico, del Dr. Ron Jenson. El contenido responde a 10 principios, obvios y calculadamente seductores. El adolescente quiere saber cuál es la ruta del éxito; y si se le ofrece un éxito auténtico, pues aún mejor. Se halla embebido en la lectura, y no se da cuenta de que su quietud de estatua respirante les da confianza a los vecinos del entorno: las hormigas que empiezan a subir por sus piernas, la ardilla que salta muy cerca de rama en rama hasta llegar al granado apetecido, el zanate que, como buen observador, parece interesado también en lo que el adolescente lee. Éste se percata, y sin moverse le pregunta: ¿Estás de acuerdo en que el éxito puede resumirse en palabras? El zanate lo mira y alza vuelo. Mensaje claro: el éxito está en el aire, como la vida.