Ninguna ficción se resigna a respirar en silencio.
Lo que jamás hay que olvidar es el misterio de la primera sensación de orfandad.
El destino siempre tiene un tragaluz de repuesto.
Ninguna ficción se resigna a respirar en silencio.

 
Lo que jamás hay que olvidar es el misterio de la primera sensación de orfandad.

 
El destino siempre tiene un tragaluz de repuesto.