El historiador Pedro Escalante Arce afirma que antes de 1777 predominó la devoción a la Santísima Trinidad, y no al Divino Salvador del Mundo, ya que la villa de San Salvador se estableció en 1528 en el lugar conocido como La Bermuda, y la celebración consistía en un desfile del pendón real que se hacía alrededor de la Plaza de Armas.
A lo largo de la historia las fiestas agostinas se han venido modificando al grado de hallarse hoy día saturadas de preceptos y tradición religiosa que muy poco han ayudado a la formación de valores que transforme por dentro y fuera a cada ciudadano.
Lejos de esto, a la mayoría de salvadoreños no le interesa participar en estas celebraciones.
Y algunos asisten por compromisos sociales o por limpiar la conciencia de algunas prácticas inmorales. Justo es reconocer también que hay muchos fieles creyentes que asisten por verdadera devoción.
De modo que aunque se cargue sobre los hombros una imagen, o alguien se mutile la espalda en señal de sacrificio, no significa nada, si después estará en la playa bebiendo con los amigos hasta embriagarse, bailando casi desnudo como lo hacían los sodomitas, o quizás disfrutando de una noche erótica con alguna pareja que probablemente no sea la propia (adulterio). Todo esto es lo que trae la destrucción de los más altos valores de los seres humanos, lo que está conectado directamente con la religión y la tradición.
Está comprobado que la religión en lugar de acercar al hombre a Dios lo hace alejarlo.
Nuestro Señor Jesús conocía muy bien esta forma de vida, ya que cuando le tocó enfrentar las tradiciones religiosas que vivía el pueblo judío, fue perseguido hasta su muerte.
En una ocasión los judíos le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos sucias?
Jesús les respondió: ¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, cuando dijo: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres y por mantenerse fieles a su tradición, descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas! (Marcos 7:1-13).
Es hora de reflexionar y vivir en la gracia y la fe en nuestro Redentor Jesús, que dijo: misericordia quiero y no sacrificio.