A partir de la limitada información a la cual se ha tenido acceso, debemos señalar que es absurdo que en la mesa de negociación en CAPRES se esté discutiendo el nombramiento de los magistrados de 2009, cuando los únicos cuya elección ha sido declarada inconstitucional son aquellos electos en 2006 y 2012. También es inaudito que aún se siga discutiendo la posibilidad de remover al magistrado Belarmino Jaime de la Sala de lo Constitucional, cuando ya hay una sentencia que declara que es inconstitucional su remoción. Tampoco abona en nada el hecho de que el presidente de la República parece olvidar el rol de mediador que decidió adoptar, y en lugar de ello manifieste públicamente su apoyo a algunas de las posiciones; en nada contribuye que exprese no reconocer la presidencia interina ejercida por Florentín Meléndez.

Pero a pesar de que aún no hay arreglo en la mesa, cabe hacer notar que si algunas dudas existían sobre las verdaderas razones por las que nos encontramos en este cisma, las mismas han quedado disipadas: la obcecación de algunos diputados por desarticular la molesta Sala de lo Constitucional, incorporando en su lugar a personas que fácilmente puedan plegarse a las sugerencias, designios o hasta instrucciones emanadas de los partidos políticos.

Ninguna otra explicación existe cuando nos toca ser testigos de lo que afirman y hacen varios diputados que sin ningún atisbo de moralidad y con conocidos antecedentes delictuales tienen el cinismo de cuestionar la moralidad del magistrado Rodolfo González invocando la existencia de un proceso judicial que no terminó en una condena. Ninguna otra explicación existe cuando vemos cómo uno de los grupos parlamentarios decide, en medio de las negociaciones, introducir a la Asamblea Legislativa una pieza de correspondencia pidiendo la remoción de este magistrado. Como se les ha planteado cuesta arriba la remoción del expresidente de la Corte han tenido que espulgar hasta los últimos rincones para buscar de dónde tomar una excusa que les permita quitar al menos a uno de los magistrados de la incómoda Sala. No se trata del magistrado González... hubiera podido ser cualquiera de los 4 magistrados de la Sala de lo Constitucional; el objetivo se logra con quitar a uno solo de ellos.

Esperamos que el receso que propiciaron las vacaciones agostinas permita que los diputados recapaciten y regresen con el firme propósito de no continuar con discusiones estériles. Confiamos en que se concentren en elegir a los magistrados de 2006 0 2012, que elijan a aquellos que cumplan con los requisitos constitucionales, que cesen en su esfuerzo de designar magistrados que no puedan desempeñarse con independencia, que abandonen su afán de desarticular la Sala de lo Constitucional y que desistan de trasladar esta discusión a una institución regional que nada tiene que hacer en esta crisis.

Como lo decíamos en esta misma columna, hemos visto con beneplácito el inicio de las conversaciones en CAPRES, pero eso bajo ningún punto de vista significa que estemos dispuestos a tolerar que el resultado de tales conversaciones vulnere nuestro ordenamiento constitucional. El CEJ continuará velando por el Imperio del Derecho.