Modesto y frugal don Jaime Abdul nunca cayó en ostentaciones ni excesos. Nadie podrá decir que se enriqueció a la sombra del poder y a expensas de los contribuyentes.
Como miembro del Ejecutivo el general Gutiérrez enfrentó algunos de los retos más dramáticos de nuestra historia y la enconada oposición de los extremistas de diferentes signos. En la tercera junta fue vicepresidente y responsable de la Comandancia General de la Fuerza Armada. Los militares estaban divididos mientras su contraparte (el FMLN) había sido unificado en La Habana por el mismo Fidel Castro, quien se jactaba públicamente de ello. En la recta final del gobierno del general Romero el país parecía ir al garete. Era una situación heredada cuyas raíces se enredaban en el fraude electoral de 1972, detonante que dio lugar a la creación de diversos grupos insurgentes, desde comunistas hasta social cristianos.
He tenido acceso al manuscrito del libro histórico Yo soy testigo en el que el general Gutiérrez documenta hechos que a las personas mayores nos parecen recientes pero que a los menores de 40 años les pueden resultar lejanos o desconocidos.
El autor considera como riesgo natural para quien asume la responsabilidad de dirigir un país el cosechar amigos y enemigos, críticas y elogios, satisfacciones y sinsabores.
Pero lo importante para él es la honradez con que el gobernante responda a sus propios principios, a los intereses de la nación y a los retos del momento histórico en que le toque actuar.
Libros como Yo soy testigo siempre serán polémicos, pero originan saludables discusiones para ir poniendo claridad en los juicios históricos y en las enseñanzas que de ellos se derivan.
En la parte introductoria de la obra, el autor expresa entre otras motivaciones para escribirla: Las circunstancias y mi conciencia me llevaron a ser protagonista de hechos históricos y testigo próximo de la realidad salvadoreña con todas sus fatigas, dolores y afanes. Por lo tanto me siento obligado a exponer y revelar la verdad que me consta y que deberían conocer y estudiar las generaciones del presente y del futuro, las que tendrían el derecho de reclamarnos si guardamos silencio. Callar sería complicidad y aliento para la mentira. Una sociedad desinformada y engañada es una sociedad débil y manipulable.- Tuve la suerte de nacer en un modesto hogar de provincia, lo que me permitió crecer dentro de un mirador de 360 grados, percibiendo lo que es y lo que le toca vivir a la mayoría de los salvadoreños que son los menos afortunados y los más usados.
Próximamente reproduciré algunos otros fragmentos del libro inédito Yo soy testigo del general Gutiérrez, quien está bastante delicado de salud.