Con todo y mientras la atención se concentraba en el daño que esa disputa le ha causado a la institucionalidad democrática del país, la izquierda no ha escatimado esfuerzo alguno para martillar sobre aquello que no cabe en su propia ideología: la empresa privada. Y aunque por ahora no tengan muchas herramientas para incidir directamente en el manejo de la economía, están haciendo una labor de zapa para desacreditar el sistema, aunque algunos de sus más conocidos dirigentes se han convertido de la noche a la mañana –según se comenta– en prominentes hombres de negocios, aprovechando, se dice que abusivamente, el sistema que tanto aborrecen, al menos públicamente.

La opinión generalizada es que estos nuevos ricos están construyendo sus enormes fortunas con una rapidez asombrosa, por el respaldo que reciben igual que Ortega y compañía en Nicaragua a través de ALBA y todo lo que puede estar detrás.

Así, los ataques contra la ANEP, FUSADES y todo aquello que suene a empresa privada ha formado parte de una estrategia mediática para distraer la atención de todo lo que han venido construyendo a base de acciones repudiables, no solo desde el punto de vista ético y moral, sino también de atropellos a todo el orden establecido. Y lo han hecho como parte de una vendetta que tiene a la base la pérdida de espacios en el favor del electorado, para terminar de engatusar –vía acciones de tipo político– a los anaranjados, los verdes y los incoloros. Ya veremos en qué lado se ubican estos últimos, cuando se trate de escoger el sistema económico.

Se tiene que ser demasiado incauto, para no percatarse de que detrás de esos señalamientos directos a entidades que han alzado su voz ante el atropello de que ha sido objeto nuestra Carta Magna, mientras ignoraban que en igual sentido se han pronunciado la Iglesia, prestigiosos centros de estudio y connotados profesionales, hay una clara intencionalidad de esconder la otra cara de la medalla: desprestigiar la libre iniciativa siguiendo los lineamientos del desacreditado socialismo del siglo XXI.

De hecho el primero en tirarse al ruedo fue el ungido como candidato del FMLN para presidente. De entrada planteó cómo se deberían distribuir las utilidades de las empresas, la necesidad de revisar la privatización de las telecomunicaciones y la distribución de energía, para en otra ocasión hablar de un giro de 360 grados en el modelo económico, que literalmente significa partir de cero.

En el Foro de Sao Paulo celebrado durante la primera semana de julio la voz de don Salvador se hizo sentir, cuando respaldó la lucha contra el neoliberalismo (modelo de gestión económica que virtualmente ningún país practica en la actualidad, por lo menos no al estilo del Consenso de Washington) para concluir con una frase que ha de haber conmovido hasta al propio Chávez –como anfitrión y referente obligado de los Correa, Morales, Ortega y sin duda de la línea más ortodoxa del FMLN–: “La juventud tiene que indignarse contra el capitalismo”.

Mientras los nuevos redentores hacían sus propias cábalas en la tierra de Bolívar, aquí se seguían escuchando propuestas aberrantes, como la de pedir un aumento del salario mínimo de casi el 34%, pero no se ocupaban de los miles y miles que permanecen desempleados.