No hay necesidad de ninguna especialización para descubrir lo que ocurre: una población de miles de abejas se ha instalado en la superficie del ala. No hay gente habilitada para proceder al desalojo, y hay que llamar de inmediato a un apicultor de la zona. Éste se presenta ya cuando el vuelo lleva buen rato de demora. 

La explicación del fenómeno es simple: cuando la colmena crece demasiado, la abeja reina dispone emigrar con una buena cantidad de miembros de esta. De seguro en los alrededores hay algún enjambre silvestre, y de ahí proviene ésta presencia insólita. Insólita para los humanos, que nunca hemos aprendido el arte de emigrar. El apicultor aplica prácticas que hacen moverse a la colonia de abejas, sin destruirlas, porque son especie protegida. El hecho ha sucedido en Pittsburgh, USA. 

¿Podríamos aprender de la experiencia? Difícil, porque los humanos somos mucho menos humanos que las abejas.