El mal llamado conflicto entre la Asamblea y la CSJ nos tiene sumidos largamente en grave crisis. Gran parte de la sociedad reaccionó apoyando que se acaten las sentencias como forma de hacer respetar sus derechos frente al poder establecido, algo impensable antes de la actual Sala de lo Constitucional, que rompió con el patrón de subordinación al Ejecutivo y Legislativo, dictando sentencias con su criterio jurídico, autónomamente, como define nuestra democracia la Constitución, con independencia de los tres poderes. Por eso la quieren neutralizar. Ese es el problema, no nos confundamos.

 

La explosión se dio cuando cuatro magistrados de la sala resolvieron demandas interpuestas ante esa instancia, perjudicando al poder establecido, más importantemente al poder político, ejercido por los partidos a través de sus cúpulas de manera absoluta.

Sus resoluciones afectaron a todos: varias de sus resoluciones afectaron a la derecha económica y a ARENA específicamente, otras a la presidencia y lo más importante, a las cúpulas que manejan férreamente sus partidos al iniciar el voto por caras, no por banderas, FMLN-GANA.

Los cuatro magistrados se convirtieron en el gran obstáculo para manejar la cosa pública a su antojo y beneficio sin limitantes; se convirtieron en los objetivos a eliminar, para que no siguieran trabajando juntos, para que no estorben en lo que venga por fallar.

 

Hace un año trataron de desarticularlos con el repudiado decreto 743, que pretendía imponer una incorrecta unanimidad en los fallos para ser legales, pues el quinto magistrado votaba consistentemente diferente.

La colosal reacción ciudadana obligó a los partidos a retractarse. Esa vez hubo unanimidad en la claridad en la sociedad, pues lo propuso originalmente ARENA y los pequeños; el FMLN astutamente se mantuvo un tiempo al margen, pero se descubrió al final.

 

Esta vez ARENA no está contra la sala y eso nubla equivocadamente el juicio de muchos, el problema sigue siendo querer desarticular a la sala, no en favor de ARENA, sino de todos.

 

La guerra actual detonó por las sentencias de inconstitucionalidad a elecciones de magistrados y fiscal, muy importantes para el grupo desobediente, en que no está ARENA, porque dichas sentencias estorban para ejercer el poder abusivamente; sin controles y la elección declarada inconstitucional, desarticulaba a la molesta sala, colocaba magistrados y fiscal “amigos”.

 

A pesar de la reacción fuerte de la más diversa representación social, los 50 diputados (muchos son electos por residuos, con menor representatividad moral) los han atacado con todo: instalaron ilegalmente, con violencia a los supuestos magistrados 2012, los atacan personalmente, persistiendo en lograr neutralizar a la sala. Indecorosamente llevaron el tema a la CCJ, sin credibilidad ni competencia en temas constitucionales del país.

 

En esta crisis, ARENA está del lado de la legalidad y eso erróneamente confunde a algunos anti ARENA, de derecha, izquierda o indefinidos, les nubla el juicio, les pone un velo que impide ver con claridad que la lucha es por la legalidad y que el verdadero peligro lo enfrenta el país, no la derecha o ARENA. Todos perdemos si sale mal, tendríamos un retroceso grave en democracia; al final los más perjudicados, los pobres, como siempre, por todas las consecuencias que se derivan.

 

Una crisis tan prolongada, interminables negociaciones en Casa Presidencial sin soluciones, nos puede llevar en desesperación a aceptar soluciones erróneas, como acertadamente publica la UCA en su editorial “No todo humo blanco es buena señal”, en el cual advierte que por cansancio no aceptemos una solución nefasta, como sería la neutralización de la Sala de lo Constitucional.

 

Dice la UCA: “Si el humo blanco trae la desarticulación de la sala, será nefasta señal. Si la solución supone un irrestricto respeto a las sentencias, la labor mediadora del presidente de la República habrá sido encomiable”.

No hay dónde perderse, el problema es uno. Deben acatarse las sentencias.