El Salvador no ha sido la excepción, pues ha habido movimientos en los que las personas han manifestado su indignación por el abuso de poder, y otros en los que han pedido una vida digna por haber quedado lisiados y abandonados.

Un grupo en particular ha sido el artístico, que –ante la indignación de ver que la Secretaría de Cultura (SECULTURA) ha sufrido diversos cambios y, sobre todo, ha abortado proyectos que se habían sostenido en el tiempo– se ha manifestado en contra de estas acciones. Pero tras una acción hay una reacción. Al poco tiempo de surgir estas protestas, SECULTURA convocó a una muestra nacional de teatro y a una reunión de presentación de una consulta para un proyecto de ley de cultura. Además, pidió contar con la contratación de dos consultores externos, lo cual me parece innecesario, pues ya existe un proyecto de ley impulsado por el partido de gobierno, que está por terminar su redacción; este se debería de dar a conocer al sector artístico, pues en su base pretende la difusión del arte, apoyo a los artistas salvadoreños y definir reglas del juego que permitan el desarrollo integral de los trabajadores del arte y la cultura.

Aunque tal estrategia del ente gubernamental surtió efecto por poco tiempo, ahora el Movimiento de Artistas Independientes (MAI) vuelve a la carga vestido de negro, que evoca una alegoría al luto por la cultura nacional que está moribunda.

En realidad, el arte y la cultura no han sido prioritarios para ningún gobierno y tenemos la esperanza de que con la ley de cultura se pueda llegar a establecer políticas públicas para fortalecer el quehacer cultural nacional.

Pero no resolverá todo: ¿cómo se amparará al artista y su obra? Entonces, estas acciones y las iniciativas y manifestaciones públicas deberán ser dirigidas hacia la exigencia de que en el seno de la Asamblea Legislativa se apruebe dicha ley o al menos a corto plazo se comience a discutir.

Si la cultura es inherente al ser humano, como reza el artículo 53 y el artículo 1 de nuestra Constitución, obliga al Estado a asegurar el goce de la cultura a la población. Por tanto, tenemos que garantizarnos ese derecho universal.

La cultura no es, pues, un instrumento del progreso material: es el fin y el objetivo del desarrollo, entendidos en el sentido de realización de la existencia humana en todas sus formas y en toda su plenitud, según reza el Decenio Mundial para la Cultura y el Desarrollo 1988-1997 de la UNESCO.

 

Por eso, las acciones de MAI y su preocupación por el hecho de ver amenazados el arte y la cultura nacional y el desarrollo artístico merecen ser apoyadas, pues no se trata de un movimiento político-partidario o ideologizado que pinta monumentos y obstaculizan el libre tránsito, sino más bien son hacedores de arte y cultura que se expresan por medio de la actuación, la danza y la música con el fin de que la mirada se vierta a que el arte y la cultura tienen tanta importancia como la política y la religión, pues son inherentes al ser humano.

Por eso... yo también me visto de negro.