Hace más de tres décadas, Singapur ese sólido tigre asiático era una nación pequeña, con una población inferior a la nuestra, escasos recursos naturales y mucha necesidad de empleos, desarrollo y seguridad. Fiel a su himno nacional Majulah Singapura (Adelante Singapur o Singapur puede progresar), hoy es una nación próspera con niveles de pobreza sumamente bajos, con ciudadanos educados y laboriosos que sumaron fuerzas junto a su empresa privada y gobierno para ubicar en el mapa a este país como uno de los centros financieros más importantes del mundo, y como un valioso jugador del comercio internacional y la economía mundial.
Singapur, si bien tiene sus problemas, es un claro ejemplo que demuestra que se puede pasar del subdesarrollo al desarrollo en el mediano plazo, si empresarios, gobierno y ciudadanos trabajan de la mano en la búsqueda de un mismo camino: la prosperidad y el desarrollo.
En un país como el nuestro, donde no tenemos una abundancia de recursos naturales para subsidiar nuestra economía nacional, un gobierno exitoso necesita de una empresa privada fuerte y sostenible, la cual a su vez necesita como aliado a un gobierno con conciencia social para preparar a su pueblo al desarrollo y aportarle como principal riqueza de su economía.
Por eso creo que el desarrollo económico y social de nuestro país requiere de un matrimonio entre el sector público y el privado, una relación basada en la confianza, en la comunicación, y en un trabajo de equipo cuyo objetivo es el bienestar de los salvadoreños.
Como en todo matrimonio, se va a pasar por momentos buenos y malos, pero para que el país avance tenemos que tener ambos la tranquilidad de que esta es una relación de largo plazo. Tener la certeza, de que si hoy, discutimos y nos dormimos enojados, mañana trabajaremos juntos para encontrar la manera de hacer funcionar las cosas para bien de todos.
No pretendo definir la fórmula perfecta de cómo llegar a la prosperidad. Cada país tiene su ruta, pero sí quiero ser explícito en decir que se necesita de un trabajo estratégico y coordinado de parte del gobierno con la empresa privada. La principal estrategia debería ser crear el clima social adecuado y generar las oportunidades económicas necesarias, para el desarrollo humano de nuestro activo más importante, nuestra gente.
El salvadoreño, con su espíritu emprendedor y su capacidad de trabajo, es nuestra mayor fortaleza y es en esa fortaleza en la que debemos apoyarnos como base para construir. El enfoque más grande, tanto del gobierno como de la empresa privada, tiene que ser nuestro capital humano.
Necesitamos que nuestro gobierno trabaje en garantizar las condiciones sociales necesarias, en términos de educación, salud y seguridad para que todo salvadoreño tenga la mejor oportunidad de avanzar en su desarrollo personal y profesional.
De igual manera es indispensable que la empresa privada, pequeña, mediana, y grande, invierta y trabaje con seguridad y confianza para poder generar los incentivos económicos y las oportunidades de empleo que al final vendrán a sacar adelante a nuestro país.
Cada uno, sector público como sector privado necesita del otro para cumplir con su rol.
El gobierno requiere recursos para su gestión social, recursos que vendrán del aporte tributario del sector privado y su productividad. En algunos casos, a través de alianzas público-privadas y la responsabilidad social empresarial, el sector privado viene a jugar un papel importante y eficaz en la misma gestión de este trabajo social.
Por otro lado, la empresa privada necesita un ambiente de paz, estabilidad, y políticas prometedoras que faciliten hacer negocios e incentiven al emprendedor a invertir con la convicción de que su trabajo vendrá a generar frutos en un futuro. Estas son condiciones que solo un gobierno puede ofrecer.
Ningún matrimonio es fácil, y todo matrimonio exitoso debe trabajar unido. La base, una sana comunicación que inspira confianza, una fe de que la pareja está trabajando para el bien de la familia y un claro entendimiento de que uno necesita al otro para su bienestar.
La empresa privada tiene que sentir el respaldo de su gobierno cuando más lo necesita, y el gobierno el apoyo y la colaboración de la empresa privada. Para que esta confianza mutua se dé, ambos tienen que buscar ese territorio común de consenso, dentro de las diferencias de opinión que pudieran tener.
Es crucial que exista un diálogo sincero, una sensibilidad y apertura para saber dar y aceptar críticas. También se precisa de total transparencia, donde se asegure la credibilidad de cada uno. Finalmente cada sector tiene que dejar claro hasta dónde están dispuestos a dar y ceder antes de que la relación se rompa, para no crear falsas expectativas.
Pero esto no es suficiente, se requiere concretar, en puntos de coordinación mutua, donde cada uno se compromete a trabajar en lo suyo, con una visión compartida, para poder ofrecer oportunidades de prosperidad a los salvadoreños. Un gobierno promoviendo inversión, comercio, innovación y capacitación laboral y una empresa privada aprovechando ese clima favorable para construir mejores negocios y generar empleo.
Al fortalecer este matrimonio, los beneficios para los miembros y para la comunidad se multiplican. Una empresa privada con convicción crece más, genera mayor rentabilidad e ingresos tributarios, ingresos que bien gestionados vendrán a fondear una mejor obra social, que en su momento vendrá a alimentar y fortalecer el capital humano salvadoreño. Y con este mejor capital humano la empresa privada tendrá mejores emprendedores y colaboradores para construir mejores negocios y una mayor competitividad nacional.
Debemos comprometernos todos a construir un matrimonio público-privado sólido, sostenible y exitoso para generar esas condiciones necesarias de desarrollo. Contamos con el mejor capital posible, nuestra gente, las generaciones actuales y futuras que con su capacidad humana, sus ganas de salir siempre adelante y su mística de trabajo podrán llevarnos a un mejor futuro donde todos los salvadoreños tendremos la oportunidad de saborear la prosperidad. Y quien quita, que podamos convertirnos en el próximo Tigre centroamericano.