Efectivamente, se enseña y aprende sobre la base de supuestos teóricos y no sobre problemas de la vida real, lo que hace poco significativo y poco relevante el aprendizaje. En otra anécdota, el reconocido intelectual Ernesto Schiefelbein me comentó que los maestros en Japón, en sus vacaciones a medio año (dos meses), dedican un mes cada maestro a enseñar a nadar a sus estudiantes, lo cual le llamó la atención y se preguntó ¿por qué enseñar a nadar...? La respuesta es metafórica y múltiple: 1.- Para que los maestros cada año recuerden qué significa enseñar y qué significa aprender. 2.- En las clases de natación nadie puede aprender por el alumno. 3.- En las clases de natación está bien definido quién aprende y cómo aprende, y quién enseña y cómo enseña. 4.- Si no aprendes te hundes... (cuestión de supervivencia). 5.- Nadie te puede dar copia para la evaluación, o nadas o te ahogas, o sabes o no sabes. 6.- El rol del maestro es esencial, en cuanto a indicaciones y técnicas, pero quien está nadando o aprendiendo a nadar es el alumno...
Más allá de estas dos importantes consideraciones de carácter deportivo aplicadas a la educación, encontramos otros aspectos esenciales al contrastar nuestra realidad deportiva con la realidad educativa; veamos:
Tanto en el deporte como en la educación pretendemos buenos resultados con una bajísima inversión; en el artículo Olimpiadas: poder y lucro (2012), M. Rosas comenta las disparidades entre los resultados del norte y del sur, y al respecto señala: El pobre desempeño deportivo de la mayor parte de los países en desarrollo tiene que ver con una triste realidad: una medalla cuesta, y mucho. Un atleta que compite demanda una inversión, en promedio, de unos dos millones de dólares al año, esto porque se requiere pagar gastos de un entrenador, del cuerpo técnico, un fisioterapeuta, más las giras para el fogueo del mismo, y sus medicinas y alimentación, entre otros insumos. ¿Cuánto es el presupuesto del INDES y del COES para nuestros atletas?; pero en educación sucede lo mismo; nos escandalizamos con resultados de pruebas de logro nacionales e internacionales que nos ubican en el sótano, y seguimos invirtiendo lo mismo que hace 20 años; no pasamos del 3% del PIB, cuando las recomendaciones técnicas nos indican que deberíamos invertir al menos el 5%.
Otro fenómeno analógico son las relaciones entre dirigentes deportivos (léase ministros y directores nacionales), entrenadores (léase maestros) y jugadores o atletas (léase estudiantes); los diseñadores de políticas y estrategias, generalmente, están desconectados de la realidad, viven a costa del deporte o de la educación y ostentan ciertos privilegios sin enterarse qué sucede en las aulas, en los campos de juego ni en los camerinos. Muy en el fondo saben que los jugadores y los estudiantes no alcanzarán las metas propuestas, no ganarán las medallas, no sacarán las mejores notas, no clasificarán; pero malgastan los fondos públicos con su burocracia y generan falsas expectativas con la indulgencia periodística deportiva o educativa; y las limitadas esperanzas que aparecen en el horizonte las aniquilan, y sí hay mucha evidencia que citar, pero el espacio es limitado.
Se educa para la vida y para el deporte con visión, inversión, disciplina, esfuerzo y ética; cuesta mucho encontrar estas condiciones en el INDES, en el COES y en el MINED, y los resultados lo demuestran...