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Hasta entonces, cuando escribí esta columna, aunque había avances, estos resultaban demasiado pequeños en contraste con las 80 horas de trabajo allí invertidas.
¿Qué hubiera (y realmente me es molesta esta palabra) hecho el presidente en esas 80 horas de trabajo, de no tener que estar intentando mediar entre el Órgano Legislativo y el Órgano Judicial? ¿Con qué otras personas o grupos del país se podría haber reunido intentando resolver los miles de problemas más que en la actualidad enfrenta este país?
En medio de esta crisis entre órganos del Estado hemos perdido de vista los problemas que tiene el salvadoreño de a pie. El país parece caminar como esos caballos de carrera a los que les ponen anteojeras para que no puedan ver los lados y concentren su mirada en un punto en particular.
Si el presidente y los partidos políticos no estuvieran en estas reuniones, quizá estarían estudiando los préstamos que no han podido ser desembolsados y que aportarían a programas como el de Seguridad Alimentaria, que está en riesgo por la falta de fondos, según el ministro de Agricultura, Guillermo López Suárez.
O quizá estarían diseñando la forma de inyectarle más recursos a Salud, porque no solo los hospitales están urgidos de refuerzos presupuestarios para acabar el año, sino que ahora enfrentan una emergencia por dengue.
Refrenar que esto no se convierta en una epidemia en gran escala requerirá un arduo trabajo y la inyección de muchos fondos, porque se necesitará hacer barridos en las zonas más afectadas, jornadas de limpieza, entrega de abate y los insumos médicos para enfrentar a los ya afectados que llegan a los centros hospitalarios.
Estas 80 horas probablemente también se hubieran usado para hablar un poco más sobre la sequía que afecta al norte del país. Los pequeños productores son los más afectados porque han perdidos sus cosechas y con ellas probablemente el único efectivo con el que contaban para sobrevivir.
Seguro habrá quien me diga que ni el presidente ni los políticos han dejado de trabajar. En el primer caso, el mandatario ha estado en el interior, brindando apoyo a los productores, fue a la reunión de presidentes de Nicaragua y asistió a la inauguración del JUVENTOUR para darle el espaldarazo a los jóvenes. No dudo que esté trabajando, pero se está invirtiendo demasiado tiempo en resolver una división inventada en el seno de dos órganos.
Me pregunto si estamos viendo también hacia afuera y si estamos ideando políticas y planes para enfrentar una posible crisis económica mundial, dado todo el conflicto actual en la economía europea.
O si alguien está pensando en la posible crisis mundial de alimentos, que ya ha motivado a otros gobiernos a buscar reuniones para ejecutar planes que eviten ser golpeados.
Tras 16 reuniones, en las que hay días llenos de pesimismo porque las declaraciones dibujan más retrocesos que avances, pareciera que los actores están más interesados en alargar el asunto que en resolverlo de una buena vez.
Algo tiene que cambiar en este país para que deje de vivir en la eterna crisis y que, aunque tenga problemas, se pueda sentir, percibir y palpar con hechos que hay estrategias y que se está trabajando por resolverlo, independientemente de lo que sea.