Kristalina.GEORGIEVA@ec.europa.eu 

En este día se rinde homenaje a todo el personal humanitario que ha perdido la vida en el ejercicio de su misión, y a quienes siguen corriendo riesgos para aliviar el sufrimiento de los menos afortunados. 

El atentado cambió de modo irreversible la situación de seguridad para los trabajadores humanitarios: en el pasado eran respetados y no considerados un blanco. Las banderas y los emblemas de las organizaciones humanitarias, que tradicionalmente suponían una protección, los están convirtiendo ahora en blancos potenciales. El trabajo humanitario es uno de los oficios más peligrosos del mundo: secuestros, disparos y amenazas de muerte forman parte de la faena en lugares como Sudán, Siria, Somalia y otras zonas en conflicto.

Quienes trabajan en esos inestables territorios corren mayores peligros, al tiempo que prestan una vital a las víctimas de las guerras y catástrofes en todo el mundo.

Es inaceptable que estos trabajadores, que prestan un servicio a la humanidad, sean objeto de acoso, secuestro o incluso asesinato.

En la última década los ataques a los puestos humanitarios se han triplicado. Según Naciones Unidas, desde 2011, 109 trabajadores humanitarios han sido asesinados, 143 han sido heridos y 132 han sido secuestrados. Los crímenes contra civiles desarmados nunca están justificados; y la injusticia es todavía más patente cuando se cometen contra personas que dedican sus vidas a salvar a otras.

La mayoría de esas víctimas no son trabajadores humanitarios internacionales de países occidentales, sino personas que prestan ayuda en su propio país, trabajando al nivel más cercano de la población local. La ayuda humanitaria no es exclusiva de Occidente, sino un imperativo mundial. Los numerosos trabajadores humanitarios nacionales que han sacrificado sus vidas son prueba de ello.

En los últimos 12 meses, Siria se ha convertido en un escenario de matanzas. Seis trabajadores humanitarios han sido asesinados desde principios del año, todos ellos sirios. En dos casos se alega que las víctimas, ambas de la Media Luna Roja Árabe Siria, fueron un blanco deliberado. En cuanto a los disparos a ambulancias, el uso indebido de hospitales o el bombardeo de la población civil, se trata de violaciones directas del Derecho Humanitario Internacional. 

La violencia ejercida contra los trabajadores humanitarios también afecta a las personas a quienes ayudan. Miles de personas vulnerables pueden quedarse sin apoyo esencial si se suspende o anula la ayuda por motivos de seguridad.

Los principios humanitarios y los marcos jurídicos internacionales ofrecen un determinado nivel de protección oficial, pero solo si son observados y respetados. Lamentablemente, las condiciones en que desempeñan sus tareas encierran mayores peligros cada año.

Los trabajadores humanitarios nos hacen sentir más cercanos unos de otros, recordándonos que somos una sola familia que comparte el mismo sueño de un planeta en paz en el que todos podamos vivir con seguridad y dignidad.

Este es también un día para reflexionar sobre nuestras propias vidas y pensar en qué más podemos hacer para ayudar a las personas que padecen conflictos, catástrofes y penalidades. Dejemos que aquellos a quienes rendimos homenaje hoy nos inspiren para emprender nuestro propio camino y hacer que el mundo sea mejor y nuestra familia humana esté más unida.