Cuando hubo transcurrido un rato, la luminosidad de la pantalla se normalizó. Quizás había sido necesario que el aparato calentara lo suficiente para llegar a su punto normal de desempeño. Estuvo viendo durante algunas horas nocturnas, como era su costumbre diaria, noticieros y programas argumentales. Hasta alguna de las películas de antes, que eran sus favoritas, se le coló. Aquella noche esa película había sido “Psicosis”, el filme genial de Hitchcock, con el desquiciado Norman Bates en interpretación del no menos desquiciado Anthony Perkins. En fin, llegó la hora de dormir. Cerró los ojos. Y tuvo, en ese mismo instante, la sensación de que un hemisferio de su conciencia soñolienta estaba casi a oscuras, como la pantalla del televisor. Pero ya sabía cómo buscar la solución: esperar que el aparato mental calentara lo suficiente. Y luego se dio ánimo: “¡Felices sueños!”