rcastellanos@laprensagrafica.com

 

La solución de la negociación en CAPRES dista de ser perfecta, de satisfacer a muchos, de acatar rigurosamente las sentencias de la Sala de lo Constitucional y otros peros que le encuentran y encontrarán los críticos; pero sin duda es enorme logro para el país, lo mejor que se pudo conseguir en las circunstancias, salimos aunque sea temporalmente de lo que nos ahogaba, se evitó el naufragio.

 

Aunque no llene las expectativas de los exigentes más críticos, debemos congratularnos, sentirnos aliviados y luego vigilar el cumplimiento de los acuerdos de medianoche del 19.

Ahora le doy la razón a Chema Tojeira, que no le dí al leer su Palestra, cuando recomendaba ceder en la presidencia de la corte, siempre que se respetara la actual Sala de lo Constitucional. De otra forma, probablemente, no se hubiera llegado a nada.

 

Después de 18 sesiones difíciles y cualquier cantidad de acciones desestabilizadoras del grupo disidente que el FMLN lidera, se logró el punto más importante para la sociedad civil y la protección de la democracia en el país en este momento: la permanencia de los cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional, que con la independencia demostrada, pueden seguir protegiendo los intereses de los ciudadanos contra el abuso de poder de los políticos.

 

Fue rescatada de ser mancillada profundamente nuestra soberanía al desestimarse la sentencia intervencionista, ilegítima y sin jurisprudencia de la CCJ, a la que los 50 diputados que la población señala como antidemocráticos, intentó darle vigencia en la sesión del viernes negro.

El precedente habría sido de nefastas consecuencias, y desactivar el absurdo, también debe alegrarnos mucho.

 

Sin tener acceso aún a los detalles de lo que sucedió en sesiones en CAPRES, no se necesita ser un genio para comprender que la complejidad que deben haber enfrentado ARENA y el CD, que negociaban no solo por si mismos, sino por la amplísima sociedad civil que se había manifestado a favor de la democracia y el cumplimiento de la ley.

 

Fácilmente puede deducirse que caminaron en campo minado todo el tiempo. Seguramente adentro sucedía peor que afuera: promesas no cumplidas, desviaciones del tema, posiciones cerradas, acuerdos engañosos de los que retrocedían luego.

Afuera, el discurso y las acciones de los rebeldes y del presidente, que actuaba como mediador, cambiaban con frecuencia. Lo que parecían avances se borraban de un soplido con declaraciones y, peor aun, con acciones duras, desconcertantes; desde instalar a Bonilla por la fuerza, iniciar procesos contra magistrados de la sala, hasta aceptar la sentencia de la corte de Managua en sesión legislativa, increíblemente complicado y engañoso.

Debe haber sido como cuando alguien está jugando con otro ponerle la cola al burro y en realidad el otro está tratando de matarlo, aparentando jugar. Solo salir vivo es un logro; haber conseguido lo más importante es mucho más.

 

Es de reconocer muy calurosamente a ARENA, el CD, a la sociedad civil y a la ayuda extranjera democrática por haber superado una parte importante de la crisis institucional, la más seria desde los Acuerdos de Paz, a pesar de que el otro lado tiró todo su arsenal en esta batalla.

 

Queda pendiente un tema crucial para todos y que no se tocó en la mesa: la inconstitucionalidad del nombramiento del fiscal, que no es algo superficial, forma parte del mismo paquete que se vivió hace tres años: una corte favorable para ti y un fiscal amigable para mí, de graves consecuencias si no se atiende bien.

 

La sociedad civil debe estar consciente de que su accionar cuenta. Antes se desactivó el 743, ahora se evitó el desarme de la sala: grandes logros. Por ello debe estar más atenta que nunca, organizarse más y mejor para seguir defendiendo sus derechos en un país en que la institucionalidad no se los garantiza, más bien se los viola.