Reflexionando un poco sobre el tema, los humanos hemos cohabitado la tierra sin aceptar que somos parte de esta. Llegará el día en que resultará difícil que no digamos que formamos parte de los seres vivientes del planeta y que hemos cometido abusos contra este, de manera voraz, depredando bosques enteros, contaminando el aire y el agua, en fin, atentando contra nuestra propia naturaleza, ambiental y humana.

Hay una generación, la denominada “Millenium”, que es la que ha crecido con los resultados de las acciones tomadas en los últimos 200 años por otras generaciones. Estos han aprendido a convertir los obstáculos en oportunidades y más allá, en activos productivos para lograr una mejor calidad de vida mediante un progreso socioeconómico sostenible. Es una forma de reprocesar o reinventar lo que se ha venido haciendo, en un sentido de proteger a la humanidad de sí misma, desarrollando mejores productos, cuidando el desperdicio en contra del medio ambiente, pensando y planificando procesos en armonía con el entorno.

En principio, la generación del “Millenium” toma en cuenta las opiniones de los demás, y eso se descubre fácilmente viendo el auge de las redes sociales. También, reprocesan las ideas de acuerdo con la retroalimentación que reciben.

Finalmente, recolectan evidencia e información acerca de lo que puede ocurrir si se lleva a la realidad una idea. Esto es tan válido para operaciones de negocios, como para implantar modelos de adecuación a los cambios climáticos, o generar programas de mitigación de riesgos para las personas, hasta para desarrollar procesos productivos que enriquezcan la salud de los humanos.

Regresando al “solutionism”, este significa que para cada problema complejo existe una respuesta lógica y disponible. La empresa Dow Chemical la puso de moda recientemente mediante la colocación de una pizarra gigantesca, en la cual se destapó una ecuación que había que resolver.

Adivine, ¿dónde se daban pistas y se resolvía el problema? Claro, por las redes sociales; donde participaron los del “Millenium”.

Hasta el propio presidente Obama lo ha utilizado en sus discursos como la vía para salir de la crisis.

El optimismo por progresar se dinamiza por el sentido de empujar hacia adelante un concepto de “mejora”, cerrando las brechas creadas por las expectativas del avance tecnológico y transformando la cultura hacia lo positivo.

Estamos frente a la oportunidad de ver nuevos “booms” tecnológicos, nuevas oportunidades; y tal como alguien describe la tendencia de la generación “Millenium”: “Un nuevo optimismo con valentía”, donde, contrario al “Brave New World” de A. Huxley, se denota el optimismo por construir su propio futuro, y utilizar la tecnología en pro del progreso y no para controlar la sociedad.

La nueva generación piensa menos en acumular posesiones, y más en vivir experiencias, mediante la creatividad, como método para germinar ideas para progresar. Los hechos ya están apareciendo, en Rusia, se han creado nueve reservas naturales y 13 parques nacionales; en Corea del Sur, demolieron una autopista para dar vida, nuevamente, a un cauce de agua natural.

El fenómeno por integrar el optimismo al progreso comienza por compartir con los demás, sinceramente, las ideas que se convertirán en “drivers” que muevan hacia el progreso, viviendo intensamente el valor de la “transparencia”. Qué bueno es contar con hijos que nos invitan a reflexionar sobre qué hacemos para ser optimistas.