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He sostenido que la polarización entre el FMLN y ARENA puede dar relativas ventajas coyunturales a una u otra facción, pero que en todo caso asfixia al país en su conjunto al anclarlo a una agenda del pasado. Esto es así porque ninguno de esos dos partidos ha tenido la capacidad de renovar los idearios de confrontación total que les dieron origen en los años ochenta en plena guerra, a tal punto que este ir de crisis en crisis y de fracaso en fracaso es aún polvo de aquellos lodos.

No es casual que el FMLN y ARENA hayan terminado por parecerse y operen en consecuencia con los mismos métodos. La democracia exige que sea el pueblo quien elija a sus representantes mediante el voto libre y secreto, y que, por extensión, las dirigencias y las candidaturas de los partidos sean elegidas de igual modo por sus bases. Pero tanto en el FMLN como en ARENA son sus cúpulas las que designan a representantes y candidatos en procesos más bien oscuros.

Por el lado del FMLN ha sido el alcalde Óscar Ortiz quien ha formulado la crítica más enérgica a esa práctica antidemocrática de su propio partido. Por el lado de ARENA, lo ha hecho quien fue uno de sus precandidatos presidenciales y miembro de su máximo organismo de dirección, Luis Mario Rodríguez. Este, en un artículo publicado en EDH el pasado 2 de junio señaló lo siguiente:

“Perdió el voto secreto y ganó la mano alzada. Las cúpulas de los partidos mayoritarios participan en elecciones, pero no las impulsan internamente.

Piden democracia, pero no la practican entre sus bases. Prefieren un acto simbólico para ‘legitimar’ al elegido y desprecian un debate franco y abierto con la militancia. Sustituirán los mítines de los precandidatos en foros abiertos por el cabildeo de los aspirantes con los miembros de la dirigencia”.

Al considerar la experiencia de su partido, Luis Mario Rodríguez advierte además algo muy significativo: “Hemos transitado entre los ‘ungidos de dedo’ y los ‘simulacros de primarias’. Contrastándolos y muy a pesar de los riesgos, es preferible la segunda opción”. Quien tenga entendimiento entienda. En otro párrafo, Rodríguez dice: “Descartan anticipadamente candidatos y promueven con urgencia a los que se consideran como opciones naturales. Y esa decisión es correcta en el ámbito político, pero desatinada en materia de cohesión partidaria”.

Es verdad. Cancelar la participación efectiva de las bases y recurrir al dedazo encubierto no solo no evitará la descohesión en ambos partidos, más bien potenciará esa posibilidad. Ya lo estamos viendo. Con relación a las presidenciales de 2014, en el FMLN se ha instalado una atmósfera de desaliento y resignación; en ARENA, las recientes pugnas internas ante la posible postulación de Norman Quijano expresan los primeros síntomas de un escenario de pánico.

Más allá de las simpatías o las aversiones políticas personales, más allá de las estadísticas y la propensión a creer en las encuestas solo si nos son favorables, entre la resignación roja y el pánico tricolor está la base sobre la cual Joaquín Samayoa, tan mesurado como es, asienta su afirmación de que el gran ganador, “sin sudar ni despeinarse”, será Tony Saca.