Soy un católico, laico comprometido, desde mi juventud. Mi visión de la realidad está inspirada en los valores de la fe cristiana, y como tal, he vivido siempre buscando estar cerca de quien lo necesita. Este momento de crisis es peligroso: las pasiones se han exacerbado. Todos vamos a perder algo; también los que creen que ganarán algo de todo esto. La compasión por un país como el nuestro es imprescindible. Cada día vivimos rodeados de sufrimiento y miedo, y aceptamos como natural vivir así o como un destino que no se puede cambiar. ¿En quién depositar la esperanza? Este país necesita de cordura e inteligencia como la que prevaleció para llegar a firmar aquellos Acuerdos de Paz de 1992, después de tanta indiferencia, dolor, división y muerte. Este pueblo salvadoreño es de Dios. “Ustedes son un linaje elegido para anunciar las alabanzas de aquel que les ha llamado de las tinieblas a su admirable luz, ustedes que en un tiempo no eran pueblo y ahora son pueblo de Dios.” 1 Pedro: 2, 9-10.

El pueblo salvadoreño está esperando cambios y los pasos que guíen a esta nación con cordura, humanismo y sensatez.

Jaime.o.aguilar@gmail.com