Él estaba en cama, recuperándose de un infarto. Los mexicanos no somos tan elegantes, me respondió sonriendo, no nos morimos de lánguido amor sino gula panzona por tanto taco grasoso que comemos. Al día siguiente, para burlarse de sí mismo, el título de su famosa columna periodística fue: Fallaste corazón, como la canción de Cuco Sánchez.
Germán parecía saberlo todo sobre historia y literatura, ciencia y política, y también sobre deportes y boleros, vinos y comidas. Pero por modestia ocultaba su erudición tras un humorismo filoso que regocijaba a sus lectores y aterrorizaba a los políticos. Por esos días, en plena convalecencia, elaboró una teoría satírica sobre la grasa del taco y el arteriosclerótico corazón azteca.
Hace poco, seducido por la relectura de unos de sus libros, decidí escribir unas páginas en memoria de mi querido y ya fallecido amigo. Pero cuando quise aludir a su teoría satírica no pude recordar sus términos. Entonces me puse a buscar información en internet.
Eso me llevó a otros temas relacionados, que de pronto se han instalado como preocupación en mi hogar. La palabra grasa me llevó al concepto de grasa saturada y a su inmediata relación con la obesidad y las enfermedades cardiovasculares, con lo que comemos nosotros y nuestros hijos, con la publicidad engañosa de algunos productos que se hacen pasar como alimentos sanos y nutritivos, pero que en realidad pueden ser muy peligrosos.
Lo primero que leí fue un reportaje sobre una conocida empresa italiana, de dulces confitados y chocolates, que el año pasado tuvo que pagar una demanda millonaria por mentir en el número de calorías, o grados de grasas saturadas, que aparecen en las etiquetas de sus productos. El caso es que esos dulces y chocolates gustan a los niños de todo el mundo, y también a mis hijos. Recordé la molestia de Blanca Rubio cuando les compro ese tipo de golosinas, y le comenté el asunto.
Luego de recriminarme por no tomar en serio sus advertencias sobre ciertos productos que la publicidad presenta como saludables, me habló largamente de grasas y aceites y me hizo leer otro informe inquietante, publicado por Prensa Libre, de Costa Rica, el 9 de febrero de 2009. En ese informe se dice que la filial centroamericana de una importante marca de aceites comestibles de los Estados Unidos también fue condenada por las autoridades ticas a pagar una multa millonaria por problemas similares.
En este último caso, las autoridades prohibieron, además, que esa empresa siguiera comercializando su aceite al demostrarse que la información del etiquetado del producto era engañosa. Resulta que en esa etiqueta se lee: Natural Blend (mezcla natural) y se incluye la imagen de una mazorca de maíz. Sin embargo, el informe señala: El producto no contiene aceite de maíz del todo, sino que es en su mayoría aceite de palma (
) el término Natural Blend sugiere que dicho aceite es 100% puro, cuando no es cierto.
¿Y cuál es el problema si el tal aceite es 100% de maíz o está mezclado con aceite de palma? Yo entendía que los aceites son de origen animal o vegetal, y que los saludables son los vegetales. En consecuencia, si la palma es vegetal, ¿por qué la multa y la prohibición? Al seguir indagando sobre el tema llegué al punto de la grasa, o grasa saturada, que preocupaba a mi amigo Germán Dehesa y que pone en guardia a Blanca Rubio respecto de lo que comen nuestros hijos.