El país necesita en los próximos años plasmar acuerdos sensatos, sostenibles, que le permitan recuperar lo retrocedido en índices mundiales en los últimos años de Saca y en este período. Aumenta la pobreza, la inseguridad, el endeudamiento, la inversión directa, la competitividad y otros factores fundamentales para la salud del país. Todo esto necesita ser revertido.
Lo que el presidente Funes haga en los casi dos años que le quedan puede ser de grandes repercusiones, si lo quiere.
Esos acuerdos requieren reducir la polarización que aumenta en lugar de disminuir, así como el desacato de sentencias, los discursos llenos de arrogancia y desprecio de líderes políticos desde la Asamblea, la toma de la CSJ por la fuerza, llevar nuestra soberanía a la CCJ, oponer desafiantemente la ley, a la sociedad civil e internacional, el fortalecimiento del obsoleto discurso de división de clases, la agresividad del presidente, su relación tensa con los empresarios y particularmente con las gremiales, y el inicio excesivamente prematuro de la campaña presidencial, violando la ley como cada elección, entre otros. Retrocedemos en lugar de progresar, injustificado a primera vista, probablemente impulsados buscando réditos desde el sector político a gran costo para el país.
El presidente tiene la oportunidad de hacer historia y ser el gran concertador, el jefe de Estado que deja como legado positivo un país que supera grandes etapas. No es miembro de ningún partido contendiente, una condición inédita, privilegiada a tal fin.
La actuación del presidente es fundamental para aumentar la polarización o traer calma. Sus acciones recientes confunden, difieren de sus primeros años en que dio estabilidad al país al no llevarnos al socialismo del siglo XXI. ¿Ha cambiado su pensar?
Hay quienes sostienen, a raíz de ese cambio, que siendo presidente sin partido, al final de su período puede alinearse con el FMLN por diferentes razones, dejando sentadas las bases para llevarnos al socialismo del siglo XXI. Eso sería fatal para el país y su registro histórico sería igual, peor para alguien que ha gobernado con credenciales democráticas, que se prestigió bajo esa filosofía como periodista denunciando abusos de poder, más en la línea de la UCA que en la de Caracas o Managua. Queremos creer que quienes piensan así están muy equivocados.
Otra teoría muy discutida en grupos y mesas de análisis serios como en tantos comentarios cotidianos, por lo que pareciera que la mayoría lo da por sentado, es que su unión con GANA y supuestamente con el expresidente Saca, que le ha dado votos para pasar leyes, va más allá y que los apoya con motivaciones electorales. Unos opinan que a favor de Saca; otros, que Saca dividiría a la derecha ayudando al Frente a ganar la elección.
La teoría de que GANA (Saca) ha estado unido al FMLN para usarlo y ganar la presidencia suena poco viable, una tercera vía en que los indecisos votarían por ellos, forzando a segunda vuelta entre ARENA y GANA, que decidiría la popularidad del expresidente. Es poco creíble; aunque la intención sea esa, la predicción de resultados es difícilmente sostenible. Ganar a los dos grandes usando al FMLN es un tanto fantasioso.
La otra línea de que Saca dividiría a la derecha a propósito para que en segunda vuelta el FMLN gane a ARENA tampoco es sostenible. Personalmente, dudo que se dé, pero las segundas vueltas generalmente dejan ganador al de la primera.
¿Puede el FMLN confiar en GANA? ¿Puede GANA creer que le ganaría al FMLN? Ambas preguntas son importantes para comprender esta teoría conspirativa.
La tercera teoría es que el presidente, en vez de convertirse en activista político a favor del FMLN o Saca, se vuelve activista de la democracia y la estabilidad, y pasa a la historia como el líder que rompió la polarización, dejando que la democracia haga su parte.
¿Qué esperar del presidente en los dos años que tiene?